New Deal - 97 - El truco está en que no te importe que te duela

El truco está en que no te importe que te duela

En Liderazgo por Fermín Lorente0 Comments

Si de verdad quieres éxito, tendrás que pagar el precio.

Todo el mundo quiere cosas. Todos deseamos conseguir y tener lo mejor. Nos creemos merecedores de éxito, de dinero, de fama, de admiración, de una buena familia; queremos tener buena salud, un buen físico, y un montón de cosas más.

Sin embargo, desear es una cosa y merecerlo es otra bien distinta. Y, en líneas generales, deseamos las cosas “porque sí”, porque nos autoproclamamos merecedores, pero lo cierto es que son muy pocos los que hacen lo que hay que hacer para tenerlas.

Y es así porque “lo que hay que hacer” suele costar esfuerzo, tiempo, suele ser difícil, incómodo, desagradable y, en ocasiones, incluso doloroso.

En la película Lawrence de Arabia, un clásico del cine de 1962 dirigida por David Lean, Peter O’Toole encarna a Thomas Edward Lawrence, conocido como “Lawrence de Arabia”. Nacido en Gales e hijo ilegítimo de un aristócrata y terrateniente, Lawrence fue una persona realmente “peculiar”, todo un personaje, tanto en su vida real como su personaje en la película.

Voluntario en la Primera Guerra Mundial, tuvo un papel destacado en la Rebelión Árabe, cuando el mundo, en general, y Oriente Medio, en particular, se estaban reconfigurando y se hallaban en plena convulsión.

Thomas Edward Lawrence no fue, en ningún aspecto, un hombre corriente. Aún permanece un cierto misterio respecto a su figura. Unos le presentan como un ser humano complejo y vulnerable. Otros lo presentan como un manipulador. Y otros como un manipulado, no como un héroe de la Primera Guerra Mundial, sino como una víctima de ella.

Lo que hizo sin duda singular a Lawrence, lo que permitió que hiciera lo que hizo, que llegara hasta donde llegó, y que causara tal impacto para ser llevado al cine y para que todavía hoy, algunos documentos sobre él sigan siendo secretos, fueron sin duda sus especiales características y cualidades personales.

Lawrence fue sin duda, una persona tenaz, disciplinado hasta el extremo, tozudo, y dispuesto a hacer lo que hubiese que hacer, lo necesario, para lograr lo que había que lograr, totalmente entregado y dispuesto a pagar el precio por conseguir sus deseos.

En esta escena de la película, en apenas 45 segundos, se pueden ver y entender las cualidades especiales que adornaban al peculiar Lawrence. Su especial forma de entender las cosas y la vida, hizo que se inmortalizara la frase que lleva por título este post:

El truco, William Potter, está en que no te importe que te duela.Lawrence de Arabia

Si algo queda patente en la película y en su vida es que, para lograr lo que hay que logar, es necesario hacer lo que hay que hacer, pero antes de todo eso, hay que llegar a ser quien hay que llegar a ser.

¡Y Lawrence de Arabia fue, hizo, y logró!

La disciplina consiste en someterse voluntariamente a un dolor ante la expectativa de un beneficio muy superior al dolor soportado.

En la vida las personas logramos lo que logramos en función de lo que hacemos. Pero eso, lo que hacemos (y también lo que no hacemos) es fruto y está absolutamente condicionado por quiénes somos nosotros.

El conflicto y la frustración se generan cuando aquello que deseamos y lo que nosotros somos, no está alineado. Queremos lograr y tener sin “ser”, ignoramos que no se puede “hacer” y “obtener” sin antes haber llegado a “ser”. Así ocurre en todas las áreas de la vida.

En el deporte, si quieres correr largas distancias, levantar pesos considerables, tener resistencia física, un cuerpo atlético o, sencillamente “estar en forma”, tendrás que pagar el precio. Y el precio se paga en forma de inversión en tiempo continuado (entrenar regularmente), en esfuerzo, y en sudor, ya sea en el gimnasio o en la pista.

En la salud, si deseas estar bien y lejos del dolor, también tendrás que pagar un precio. En este caso, en muchas ocasiones el dolor está en la abstinencia. Se basa en “no hacer”, en lugar de hacer, abstenerse de comer y beber ciertas cosas que sabemos que no nos convienen. Y también en frenar, en abstenerse de las cantidades que uno desearía, o el cuerpo nos reclama.

En otras áreas como la familia, los estudios para el desarrollo profesional o personal, los amigos, o el ocio, el precio se paga en tiempo. Y nadie tiene tiempo para nada si trabaja 12 horas diarias.

Y lo peor, si se trabaja “arduamente” en las tareas equivocadas, en lugar de trabajar “inteligentemente” en las tareas rentables, ni tan siquiera se consigue dinero.

No hay nada nuevo bajo el sol, se sabe desde hace miles de años. La Biblia ya indica claramente que podemos elegir entre dos caminos. El camino hacia la construcción y el perfeccionamiento, o el camino hacia la destrucción y el embrutecimiento.

El camino fácil es sencillo, llevadero, cuesta abajo, no implica esfuerzo y está lleno de placer inmediato. Pero ocurre que no lleva a ningún sitio, salvo al fracaso, a la frustración, al arrepentimiento y a la desesperación.

El camino difícil está lleno de dificultades, siempre cuesta arriba, lleno de tentaciones para abandonar y de trampas fáciles en las que caer. Es un camino de esfuerzo y recorrerlo requiere alta disciplina y tenacidad. Pero solo a través de él se llega a “SER” para después hacer, para después tener.

Desde antiguo ya se había observado el hecho de que aquellos que se adornan de cualidades “virtuosas” y de disciplina, se convierten en referencias, en ejemplos a los que seguir. Por contra, aquellos que eligen lo fácil, que no se esfuerzan, que hacen trampa y aprovechan todos los atajos, acaban siendo referentes de aquello a lo que nadie desearía parecerse.

Es sabido que la carne es débil. Pero también es sabido que podemos elegir.

Este es el camino fácil: Los 7 Pecados capitales.

Presenta 7 maneras por las que las personas podemos fácilmente afectar a nuestra Rueda de la Vida, desequilibrarnos y perdernos. Elegir lo fácil implica pagar el precio al final.

  1. Lujuria.
  2. Gula.
  3. Avaricia.
  4. Pereza.
  5. Ira.
  6. Envidia.
  7. Soberbia.

El camino difícil: Las 7 Virtudes.

Las siete virtudes, que forman parte del catecismo cristiano, sirven para afrontar la tentación de cometer alguno de los siete pecados capitales, puesto que se contraponen a ellos. Es el camino difícil porque hay que pagar el precio antes para recoger el premio al final.

  1. Humildad (latín, humilitās) contra el pecado de soberbia.
  2. Generosidad (latín, generōsitās) contra el pecado de avaricia.
  3. Castidad (latín, castitās) contra el pecado de lujuria.
  4. Paciencia (latín, patientia) contra el pecado de ira.
  5. Templanza o temperancia (latín, temperantia) contra el pecado de gula.
  6. Caridad (latín, cāritās) contra el pecado de envidia.
  7. Diligencia (latín, dīligentia) contra el pecado de pereza.

Las personas, todos nosotros sin excepción, estamos dotadas de virtudes y también de debilidades que hacen que “pequemos” a menudo, que nos relajemos y excusemos. Pero somos inteligentes y podemos elegir. Podemos construirnos o podemos destruirnos.

Lawrence de Arabia, pese a no parecerlo o evitar mostrarlo, también era humano, pero llevaba algunas cualidades hasta extremos fuera de lo habitual. Fueron esos extremos los que le concedieron esa singularidad de ser quien fue para hacer lo que hizo.

La cuestión es simple, radica en quién quieres ser.

Porque está claro que, dependiendo de quién seas tú, así harás y, por tanto, lograrás cosas bien diferentes. Se trata pues de disfrutar del viaje y perderse, o de mantenerse en la ruta, esforzarse, y llegar.

Tú puedes lograr el éxito en tu vida si realmente estás dispuesto a pagar el precio, si estás dispuesto a “que no te importe que te duela”.

Así que, si estás listo, empecemos. Igual que correr o levantar pesas, es sumamente sencillo, pero duele.

Éste es el proceso de incorporar nuevos hábitos y nuevas cualidades:

  • Elige la cualidad o aspectos que no te gustan de ti mismo y que deseas “desplazar” ya que, por desgracia, no se pueden eliminar. Te aviso que aquí tienes un gran reto ya que estos aspectos suelen estar ocultos para nosotros mismos. ¿Cambiar yo? ¡Yo no tengo nada que cambiar!, dijo mi ego.
  • Busca el hábito, virtud, o la cualidad que desplazará o anulará la anterior (como la humildad desplaza a la soberbia o la abstinencia a la gula). Nuevos hábitos para ser diferente, mejor.
  • Construye una cuadricula donde escribir las nuevas cualidades a desarrollar y 31 cuadros para verificar que las cumples durante 31 días seguidos sin fallar.
  • Repite durante 31 días seguidos y controla tu disciplina. Si lo logras, habrás interiorizado (automatizado) el nuevo comportamiento.
  • Sigue, es un camino, no se acaba nunca. ¡O qué creías!

Claro que tienes una manera más inteligente, fiable, y práctica para desarrollarte y crecer, para lograr y llegar a ser:

Usa la experiencia y las herramientas de un experto que te acompañe en tu viaje.

Recuerda que este es mi trabajo, que acompaño a personas en su viaje de crecimiento, de desarrollo profesional y personal, a construirse interiormente para actuar exteriormente y a lograr equilibrio exterior y equilibrio interior.

Dime, ¿cuándo empezamos? Llámame hoy mismo, si lo quieres, para qué esperar.


Foto: Lawrence de Arabia


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios. Experto en mejorar resultados empresariales. Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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