New Deal - Porque yo lo valgo

¡Porque yo lo valgo!

En Organización por Fermín Lorente2 Comments

¿Te suenan este tipo de afirmaciones? ¡Porque yo lo valgo! o ¡me lo merezco! o ¿lo quieres?, ¡lo tienes!

Todas son muy parecidas y todas ellas me irritan de verdad, aunque no sé muy bien por qué. Son afirmaciones dirigidas directamente al centro de nuestro ego para vendernos algo. Y lo peor es que esos misiles teledirigidos funcionan, dan en el blanco. Quienes se dedican al marketing y a la publicidad saben muy bien cómo llegar a nuestro interior, a buscar y pulsar los resortes que van a hacer que nos movamos en la dirección que ellos desean, para que compremos su producto.

Mi irritación supongo que es porque creo que algunos de mis valores internos se sienten atacados. Es la misma sensación que experimento ante determinados programas de TV; me veo obligado a cambiar de canal porque no lo puedo soportar ¿a ti te pasan cosas tan raras como a mí?

Lo cierto es que la mayoría de personas nos consideramos a nosotros mismos “especiales”, solemos tener la creencia de que somos diferentes, de que las normas no nos afectan, que están hechas para otros, que estamos por encima de eso y que, en definitiva, lo que les ocurre a otros, a mí no me va a ocurrir. No lo decimos en voz alta, pero conozco a mucha gente que piensa y, sobre todo, actúa así. Si te fijas, también tú conoces a muchos, somos una inmensa mayoría.

Y es que, hablando de mayorías, la mayoría de personas que conozco no están contentas de cómo les va. Se quejan de la vida, se quejan de quienes les rodean, se quejan de su suerte…

Y se quejan porque creen honestamente que se merecen más. Que su esfuerzo no está claramente recompensado, ni su aportación debidamente reconocida y correspondida. Y creen que existe un claro desequilibrio entre las expectativas del merecimiento auto-otorgado y las prestaciones recibidas a cambio. Sea cual sea la moneda o especie en la que cobran.

Y nuestro ego, permanente insatisfecho, nos remuerde cada día la conciencia. Nos confirma una y otra vez todo cuanto deberíamos tener y lograr, y hace que pongamos nuestros ojos y atención en aquellas cosas que anhelamos hacer o poseer. Pequeñas dosis de frustración acumulada…

Es tan sencillo comprar ese teléfono tan caro y que no necesito ni puedo pagar, mediante pequeñas y cómodas cuotas durante dos años… ¡Porque yo me lo merezco!

El problema es que la cuota del teléfono se junta con la de la línea, y esta con la de internet. Y tal vez estas con los recibos de suministros, con ese coche que también estoy pagando desde hace algunos años y, finalmente con la hipoteca. Y a veces no llegamos a todo. Más y mayor frustración.

Y lo peor es que tras ese rápido y efímero placer viene el dolor, el arrepentimiento. ¡Ahora hay que pagarlo! No hemos aprendido en toda una vida que la satisfacción por poseer cosas dura solo un instante mientras que el arrepentimiento dura bastante más. Pero volvemos a caer una y otra vez, nuestro ego es un experto, tanto que a veces nos hace pensar que las decisiones son realmente nuestras.

Aún no nos hemos dado cuenta de que nuestros vacíos no se pueden llenar con cosas, sino con logros. Y los logros son personales y directamente proporcionales al esfuerzo y sudor empleados para ese logro.

Por eso deberíamos pararnos y analizar. Analizar para ver claro lo que está pasando sin que seamos capaces de darnos cuenta.

Tu valor, lo que tú vales, tu precio, te lo fijan los demás.

El problema es que existe una notable diferencia entre el precio que nos fijamos a nosotros mismos y el que nos ponen los demás, y eso, inevitablemente genera grandes dosis de frustración. Y ocasionalmente de ira. Es eso lo que lleva a la queja y al malestar, esa “diferencia”.

Debemos entender y aceptar que “merecer” viene de hacer méritos. Y que los méritos son acciones, que no intenciones, continuadas, dirigidas y enfocadas en la consecución de tu meta, deseo u objetivo.

¿Crees que te mereces más de lo que cobras? Pues nadie te detiene, deja tu trabajo y busca otro donde realmente te valoren más. O mejor crea tu propia empresa donde puedes demostrar tu valor.

¿Quieres estar delgado/a y atlético/a? Pues seguro que hay un gimnasio cerca. O simplemente la calle para ir a correr y entrenar a diario. También puedes acompañarlo con buenas dosis de disciplina y buenos hábitos alimenticios.

¿Crees que te mereces más? Pues sal a la calle a buscar tus oportunidades, lo único que te traen a domicilio es aquello por lo que pagas.

Lo que ocurre con frecuencia es que creemos ser merecedores de cosas “porque sí”, sencilla y llanamente porque somos nosotros. Tenemos la absurda creencia de que alguien o algo debe agraciarnos gratuitamente: una herencia, la lotería, un golpe de suerte… algo exterior y sin esfuerzo.

Pero he leído en alguna parte que:

El único lugar donde él éxito viene antes que el trabajo, es en el diccionario.

Dicho de otra manera: quien se crea predestinado para el éxito, quien se crea merecedor “porque si” de un buen trabajo, de una buena familia, un buen coche, dinero, salud, o cualquier otra cosa, solo por el mérito de haber nacido, o el de ser hijo de su padre, está sin duda abocado a una vida de permanente malestar y frustración.

¿Crees que es así? ¿Conoces a mucha gente insatisfecha? ¿Qué sabes al respecto?


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios.
Experto en mejorar resultados empresariales.
Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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