Para pensar en profundidad se necesita calma. La que da el silencio, la ausencia de ruido y la naturaleza.
A los miembros del Club nos encanta rodearnos del ambiente adecuado para una reflexión profunda sobre cómo van las cosas y hacer una revisión de metas.
Verificar si van como planeamos o nos hemos desviado unos grados, para corregir el rumbo.
Nos encanta la magia y el estado mental que se produce tras largos espacios de silencio, focalizados cada uno en nuestras cosas.
Cómo cuando “conectas” con ese estado tan especial todo fluye y la productividad se dispara a cotas inimaginables.
Y es que, de tanto en tanto, es necesario parar.
Parar para mirar con la necesaria perspectiva y observar las cosas y a nosotros mismos. Y corregir y corregirnos.
Volver al carril y avanzar en la dirección adecuada y al ritmo previsto.
Volveremos en noviembre a fijar el rumbo para el nuevo año.













