Trabajar con jóvenes es diferente. Si son muy jóvenes (apenas mayores de edad, o ni tan solo eso) y además son emprendedores por voluntad propia, lo es aún más.
Sus sueños son diferentes.
Los adultos, más experimentados, han sido, en mi opinión, más absorbidos o moldeados por el sistema, sus proyectos son mucho más racionales y parecidos.
Tanto en el primer taller como en este segundo, he escuchado proyectos que no están sometidos a las habituales leyes del sistema, no están limitados por nada terrenal.
Y me encanta ayudar y alumbrar para que puedan crecer a progresar con algunas herramientas.
Digamos que la cabeza en las nubes, pero los pies bien asentados en el suelo.
El futuro está por escribir.






