New Deal - 99 - Espiritualidad y empresa

Espiritualidad y empresa

En Rueda de la vida por Fermín Lorente0 Comments

¿Las empresas tienen alma?

Si contemplamos una empresa como aquello que puede ser observado, un edificio con sus ventanas y sus paredes, las máquinas, los muebles y despachos, o las instalaciones; no tardaremos en darnos cuenta de que es algo inerte, inanimado, tan solo un conjunto de cosas mejor o peor dispuestas.

Pero si observamos la empresa en toda su integridad, si añadimos a las personas, eso que algunos llaman “recursos humanos”, con sus necesidades, sueños y deseos, sus comportamientos, los movimientos y los flujos, o las interrelaciones internas y externas con clientes y proveedores, nos daremos cuenta de que una empresa es una entidad viva, única y singular que crece y evoluciona. Y que, en ocasiones, también envejece y muere, o desaparece.

Las empresas, como las personas, tienen un sentido o propósito de existir, unos valores compartidos, una filosofía propia, y unas maneras únicas de entender y de hacer las cosas.
Pero a menudo, y pese a que existan, son desconocidos.

Un día, alguien, un emprendedor, tuvo una necesidad o un sueño. Y emprendió su viaje, su aventura, tal vez en pos de ese sueño, o tal vez como la única forma posible de ejercer su oficio y de ganarse la vida. Y creció y se desarrolló hasta llegar aquí y ahora, a lo que es hoy.

Con el paso de los años, las diferentes personas que la integran, muy especialmente la propiedad, han ido aportando su idiosincrasia, su forma especial de hacer, de entender y de operar. Esas peculiaridades de las personas se han ido integrando paulatinamente en la filosofía de la empresa, conformando una manera de atender a los clientes, una forma de comprar y de vender, una forma de operar, de producir, o de cobrar y de pagar, entre tantos y tantos procesos que se realizan cada día.

Sin apenas percibirlo, respondiendo a las diversas necesidades y al mercado, la empresa ha ido adquiriendo una serie de valores, aspectos importantes que la Dirección ha ido remachando y que poco a poco se han ido integrando en el ADN de la empresa. Esas cosas importantes, esas líneas rojas que nadie debe cruzar.

Es a través de esa filosofía no escrita, de esos valores asumidos, como la empresa ha ido estableciendo una serie de acuerdos internos y externos con los que opera y con los que se encuentra más o menos cómoda para funcionar.

Sin embargo, “funcionar” es una cosa y tener éxito es otra muy diferente.

Si atendemos puramente a la estadística, a los fríos números, esto es lo que muestran, un panorama nada alentador:

  • La tasa de mortalidad de emprendimientos en los tres primeros años de vida es del orden del 80%
  • De las que siguen, aproximadamente la mitad de las empresas no llegan a cumplir su quinto aniversario.
  • La antigüedad media actual de las empresas se sitúa entre los 10 y 12 años de vida.

La pregunta importante que sugiere esta estadística y ante la que cualquier emprendedor o empresario debería detenerse a reflexionar es la siguiente:

¿Qué es lo que hace que unas empresas fracasen y desaparezcan mientras que otras tienen éxito, crecimiento y aceptación?, ¿cuál es el factor diferencial?
Algunos expertos afirman que una tasa de mortalidad tan elevada tiene su explicación en que muchos emprendedores lo son por pura necesidad de supervivencia, al no existir otra opción. Debido a eso se sitúan en los sectores más tradicionales y accesibles de la economía, donde la diferenciación entre unos y otros es muy baja o no existe. La ausencia de diferencias o de percepción real de valor por parte de los clientes hace que solo quepa competir por precio y se canibalizan entre ellos.

Si atendemos también a lo que dicen los expertos en management sobre los “porqués” algunas empresas han conseguido el éxito, el crecimiento y la aceptación de su marca y sus productos por el mercado y por los consumidores, encontramos las siguientes causas o razones, este es el denominador común de su factor diferencial:

  • Una cultura empresarial sólida y desarrollada que marca diferencias con la competencia.
  • Un servicio al cliente que sobrepasa las expectativas de éste. Eso que ahora llaman poner al cliente en el centro del negocio.
  • Un auténtico equipo competitivo y cohesionado que está comprometido con la causa y la cultura de la empresa, productivo, motivado y proactivo, orientado a la mejora y al logro.
  • Un liderazgo capaz de inspirar y de desarrollar todo el potencial de las personas para que, trabajando en equipo, logren metas y objetivos cada vez más ambiciosos.
Paradójicamente, aquello que se conocía como “softmanagement” (lo intangible), ha desplazado a lo que, tradicionalmente, el “hardmanagement” (los productos y lo tangible), era considerado como primer factor, casi único, para el éxito.

Determinadas marcas (Apple, Amazon, Google, Microsoft o Coca-Cola), solo las marcas, no las empresas, han alcanzado valoraciones que, en muchos casos, sobrepasan los cien mil millones de dólares.

Las marcas, mediante una sólida cultura, un sistema único de valores y un claro posicionamiento, han logrado que el consumo de sus productos vaya mucho más allá del propio producto, de lo tangible, y conecte con las necesidades humanas más profundas.

Por eso, la gente que compra una Harley-Davidson, no está comprando solo una moto, está comprando un estilo de vida, una leyenda, la pertenencia a una tribu de la que él o ella se sienten miembros. Están comprando un sueño de libertad, quieren recorrer la ruta 66, compran, cuando menos, la posibilidad de poder cumplir un sueño.

De igual forma, quien luce un Rolex en su muñeca, no ha comprado un reloj, cualquiera puede comprar un buen reloj por 15 o 20 € que sea funcional y preciso. Quién compra un Rolex compra el lujo exclusivo que muy pocos se pueden permitir. Compra por tanto diferenciación, estatus y exclusividad.

Por si aún queda alguna duda, me encanta la declaración que hizo Charles Revson, fundador y ex presidente de Revlon: “En la fábrica se hacen cosméticos, pero en el mostrador vendo esperanzas” Sin comentarios…

Llegados hasta aquí, solo me queda por hacerte una pregunta:

¿Qué precio estás pagando por estar trabajando y compitiendo solo con “cosas”, con productos y servicios?

Si tu empresa carece de un Propósito definido, de una razón para existir, entonces la única razón para que exista es que tú ganes dinero. Para ti puede estar bien, pero para tus proveedores, clientes y empleados, “no mola” ¿Cómo quieres generar entonces su adhesión y compromiso?

Si tu empresa no tiene una Visión clara, sencillamente no tiene dirección, va a merced de los vientos y de las circunstancias, es fácil que se pierda, y difícil que llegue a cualquier puerto. ¿Cómo puedes inspirar, ejercer tu liderazgo y pedirles ilusión?

Ante la ausencia de una Misión que cumplir, no pueden existir planes de acción, ni metas ni objetivos. Como mucho, deseos de vender más, o tal vez de mantenerte. ¿Cómo esperas tener empleados motivados?

Si no has definido e implementado en el día a día de tu gente un buen sistema de Valores, entonces, ¿qué es lo que tus clientes y tu propia gente pueden valorar de tu empresa?

No puedes pedir el compromiso de tu gente ante la ausencia de una “causa”, ¿luchar para qué? Tampoco la ilusión, ¿para quién? Ni puede haber motivación más allá del salario a fin de mes.

Acéptalo, si tu empresa no tiene alma, no puedes pedir motivación a tu gente, sencillamente “no hay motivo”. Tampoco los clientes van a pagar lo que tú esperas o necesitas cobrar por lo que haces “no pueden valorarlo” y todos van a discutir el precio. Y tú, vas a seguir compitiendo en un mercado saturado y lleno de competidores que ya van al límite de la supervivencia, igual que tú.

Pero tú puedes cambiar eso. Si quieres, puedes ponerle alma, corazón y cerebro a tu empresa.

Nuestro Programa de Liderazgo y Management para Pymes está hecho para gente como tú. Gente que no puede o no quiere ir a las grandes escuelas de negocios, que no puede dejar de trabajar para estudiar, que necesita dar pequeños pasos que estén a su alcance, que pueda realmente implementar, en lugar de complejas teorías de gestión.

Por si aún no te has enterado, la gente ya hace años que ha dejado de comprar productos y servicios, compran los beneficios que se derivan de ellos.

Necesitas dejar de vender “cosas”.

¿Quieres que hablemos de ti y de tu empresa?


Foto: Ricardo Gómez


Sobre el autor

Fermín Lorente

Facebook Twitter Google+

Entrenador personal de directivos y empresarios. Experto en mejorar resultados empresariales. Formador en organización empresarial y en liderazgo.

Si te ha gustado, ¡comparte!

Deja un Comentario