New Deal - 106 - Osoji, la gran limpieza de fin de año en Japón

Osoji, la gran limpieza de fin de año en Japón

En Organización por Fermín LorenteDeja un comentario

Terminar un libro y comenzar uno nuevo en blanco.

Cuando se acerca el fin de año en Japón, durante las semanas previas, existe una antigua tradición que consiste en realizar una limpieza concienzuda, meticulosa y a fondo de la casa. Ningún rincón queda sin limpiar, ningún armario por vaciar, revisar y recolocar lo que aún sirve.

Esa tradición se conoce con el nombre de ōsōji (大掃除) que significa “gran limpieza”.

El motivo de esa concienzuda y cuidadosa limpieza, de esa ceremonia, no es tan solo el de limpiar más a fondo aquellas cosas que no suelen limpiarse de forma habitual y comenzar el año con la casa limpia y ordenada, ya que es eso y mucho más.

El osoji (pronunciar osoyi), va mucho más allá. Esa metáfora de limpieza tiene un claro componente espiritual de renovación.

Se limpia la casa, pero de alguna forma, también se limpia el alma y la vida de todos sus habitantes.

Se intenta cerrar una etapa para poder comenzar una nueva, “un libro en blanco”, comenzar limpios y purificados, tanto en lo físico como en lo espiritual.

El osoji también incluye liquidar las deudas y facturas pendientes, además de hacer, o acabar, todo aquello que tengas pendiente antes de terminar el año.

Pero el osoji no se realiza sólo en los hogares, sino que también se lleva a cabo en las empresas, oficinas, escuelas, despachos y hasta en pequeñas tiendas y locales.

En Japón, antes que realizar la fiesta de Fin de Año (oshogatsu) se organiza el ritual de limpieza para darle la bienvenida al Año Nuevo, libres de toda carga y llenos de energía positiva.

Al realizar la limpieza de cada lugar también ponen en orden un aspecto de su vida personal y familiar.

En occidente lo normal es “hacer buenos propósitos” pero pocas veces nos remangamos y pasamos a la acción.

Estoy absolutamente convencido de que todos tenemos muchas cosas por limpiar.

¿Hacemos un repaso?

Comencemos por la casa. ¡Ah, claro, te parece mucho! Tan solo ese pensamiento ya te echa para atrás. La verdad es que no solo habría que vaciarlo todo y tirar cientos o miles de “cachivaches” sino que, ya puestos, probablemente tocaría pintar.

Y puestos a mover muebles, pintar y limpiar, también toca ya un cambio de cortinas, y puede que, de alguna lámpara, o de algún mueble, o de… ¡Para, para!, ¿te has vuelto loco Fermín?

No, no y no. No vamos a hacer ahora en cuatro días que quedan y con el trabajo y las cosas que hay pendientes de hacer, todo lo que no hemos hecho en un montón de años.

Y no es que no haya que hacerlo, y no es que no tengamos ganas… Pero solo con pensarlo nos ponemos malos, y miramos a otro sitio. Y decidimos que ya es tarde, pero que nos organizaremos para hacerlo el año que viene, como los japoneses.

Pero, ¿y nosotros?, ¿hacemos limpieza de nosotros mimos? No me refiero a una ducha, me refiero por supuesto a algo bastante más profundo.

Por ejemplo, a lo mejor tenemos que limpiar “un poco de grasa acumulada” (perdón he querido decir bajar unos kilos) Quizás tengamos que limpiar un poco nuestros pulmones, pongamos por ejemplo de nicotina. Quizás la sangre estaría mejor con algo menos de colesterol. Quizás deberíamos “aclarar” un poco los riñones o el hígado. ¡Nada como el agua para eso!

Y ya puestos, ¿por qué no hacemos limpieza de lo intangible?

Me refiero al cerebro, a la mente. ¿Cómo nos sentaría revisar y airear algunas de nuestras ideas? Tal vez algunas se estén quedando viejas. El mundo cambia, evoluciona, pero ¿y nosotros, vamos evolucionando con él?

Y quien dice ideas dice conocimientos. Y aquí podemos incluir todo cuanto contribuya a nuestro desarrollo profesional y personal. Cabe leer libros, asistir a seminarios, a talleres, apuntarse a cursos, a programas de desarrollo, o a masters y carreras.

La mente, como el cuerpo, si no se usa se atrofia. No es una frase, es algo real. Si no ofreces retos permanentes a la mente, se acomoda, se cierra y se rinde frente al reto más pequeño. Lo tengo comprobado en mi negocio, lo que más cuesta e incomoda a la gente es “ponerse a pensar”.

Generalmente la gente abandona a los pocos segundos con alguna muletilla del tipo “es que no se me ocurre nada” Cuando la escucho sonrío y contesto: ¡no te preocupes, tienes por delante un par de horas, algo se te ocurrirá! Y observo cómo las pupilas de sus ojos se dilatan hasta el límite y su cara se llena de incredulidad.

Pero es cierto, ocurre, así es como funciona. Al principio cuesta, pero al cabo de un rato la mente se abre y por alguna extraña razón comienzan a llegar las ideas. Solo hay que insistir, ponerse, nada más (y nada menos)

Acostumbra a suceder que nuestra casa, nuestro cuerpo y nuestra empresa, están llenos de cosas inútiles que deben vaciarse para dejar sitio a lo nuevo.

¿A ti también te pasa que ya no te cabe nada en los armarios ni en los cajones? ¿A ti también te pasa que cuando piensas en hacer limpieza te cogen los sudores fríos? ¿A ti también te pasa que hace años que lo vas dejando “para el año que viene”?

Y, dime, ¿te gustaría ponerle remedio sin dejarte la salud ni perder los nervios en el intento?

¡Pues hazte japonés! O, si lo prefieres “haz el japonés”.

Te cuento cómo.

En primer lugar, tienes que entender por qué te pasa lo que te pasa, por qué la sola idea de ponerte, te echa para atrás, y también cómo funciona tu mente.

Cuando comprendas que la mente es miedosa y que le asustan enormemente los retos grandes, debes aprender a comerte un elefante.

Y, cuando hayas comprendido que “ninguna tarea es difícil (ni costosa) si se divide en tareas lo suficientemente pequeñas” (no lo digo yo, lo demostró Henry Ford), pues ya estás mentalmente preparado para el reto.

Así que no pienses en tu casa, es mayor aún que un elefante. Ni tampoco en el comedor o en tu habitación, aún son vacas demasiado gordas y pesadas. Mejor piensa en un pequeño armario. Y si aún te parece mucho, piensa tan solo en un estante, o en un cajón, ¿mejor ahora?

Vale, pero hay que empezar. Y la única fecha que no viene en el calendario es “mañana” Así que elige la pieza más pequeña y hazla hoy, o mejor ahora, en este mismo instante.

Si no dejas espacio en tus armarios, no llegará lo nuevo. Si no dejas espacio en tu mente, no llegará lo nuevo. Si no dejas espacio en tu vida, no llegará lo nuevo. ¡No habrá espacio!

Hay que vaciar los armarios, hay que vaciar la mente. Desaprender es quizás una de las cosas más difíciles de hacer. Se trata de “dejar de hacer las cosas como siempre” por la sencilla razón de que “siempre se ha hecho así” Esta creencia es altamente nociva para el progreso personal, para el empresarial y también para el mental.

Probablemente ahora te estarás preguntando: Vale, pero ¿cómo se hace eso de desaprender?, ¿qué tengo que hacer mañana o ahora mismo?, ¿por dónde empiezo?

Pues muy sencillo, deja de hacer “lo de siempre” porque tu mente ya se sabe ese camino. Así no se progresa. Puedes hacer multitud de cosas diferentes, te pongo algún ejemplo:

No hagas la misma ruta de siempre cuando vayas a comprar o a tomar el transporte. Elige calles nuevas, elige al lado izquierdo de la plaza (o el derecho). Cambia algo, sé consciente de ello, elige tú, no vayas en piloto “automático”.

Tampoco hagas la misma ruta con el coche, elige otra, existen infinitas. Probablemente alguna de ellas sea mucho mejor o más rápida.

Abre la mente, rechaza la idea preconcebida de que lo que tú haces es lo mejor, acepta que se puede mejorar. Acepta que otros pueden hacerlo igual o mejor que tú. Y ya puestos, hazte el propósito de delegar para este nuevo año.

Pero si lo que realmente deseas es hacer tu gran limpieza, tu deseado osoji, haz como yo, plantéate un gran reto para el año que viene. Algo realmente grande que te enfrente a un gran compromiso y esfuerzo.

Acabo de “firmar” económicamente hablando, la formación más cara y costosa de mi vida. No voy a hablar ahora de eso, tal vez cuente cosas cuando acabe.

Y digo costosa porque voy a tener que “sacar de la chistera” un tiempo que no tengo. Quiero decir con esto que ahora, que ya me faltan horas, tengo que “meter” en mi armario del tiempo la nada despreciable cantidad de 20 horas semanales nuevas.

Que ¿para qué?

Pues verás, voy a vaciar mis armarios, voy a vaciar mi cuerpo, voy a vaciar mi mente y voy a vaciar mi tiempo. ¿Te parece poco?

Y lo hago para que entren cosas nuevas, hay que dejar espacio. Lo hago para transformarme, para crecer, para llegar más lejos, más alto.

Me he propuesto romper mi techo de cristal. Y para hacerlo he elegido al mejor. La vida me ha enseñado que lo barato no funciona, ni lo fácil tampoco. Y lo gratis, ni te cuento. Mi abuela ya sabía que lo barato sale caro.

Así que he contratado a mi propio sherpa, al mejor de los entrenadores personales. Y estoy dispuesto a pagar el precio, el de dinero “y el otro”, tú ya me entiendes.

Y tú, ¿Qué vas a hacer?

Vas a hacer limpieza o seguirás apretando la ropa de tu armario mental para seguir haciendo lo de siempre, para seguir siendo el mismo de siempre.

Estás en tu derecho, como dijo un gran autor que admiro, ¡tu vida es tuya, y puedes hacer con ella lo que quieras!

Pero si quieres crecer tú, si quieres que crezca tu empresa, si quieres que crezca tu equipo, ¡ahora es el mejor momento! No es el mejor, es el único. No hay otro.¿Hacemos la gran limpieza?, ¿hablamos de cómo se hace eso?

Debes saber que estoy tan solo a la distancia de una llamada. ¡Llama ahora! Tú puedes cambiar tu vida.


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios. Experto en mejorar resultados empresariales. Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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