New Deal - 108 - Cómo mantener la motivación y no abandonar a la primera

Cómo mantener la motivación y no abandonar a la primera

En Motivación por Fermín LorenteDeja un comentario

¿Has visto?, ¡Ya estamos de lleno en el nuevo año! ¿y ahora qué?

Ni siquiera hemos tenido tiempo para acabar de mentalizarnos del todo de las fiestas y sin darnos cuenta, de repente, ha pasado la Navidad, la Nochevieja, las cenas de empresa, las cenas con los amigos, los días de fiesta, y lo peor, ¡a este año ya le quedan algunos días menos!

Regresamos todos a la rutina, al trabajo, los niños a los colegios, nos hemos engordado “un poco”, tal vez hemos recaído en algún viejo hábito, que es como decir que nos hemos cansado y rendido. Hay como una extraña sensación de culpa, un mal sabor de boca, y esa idea de que alguien o algo nos ha engañado.

¿Por qué será que no suelen cuadrar nuestras expectativas con la realidad?

Sí, ya estamos de lleno en enero. Y sí, hasta Semana Santa nada a la vista, hay que atravesar este desierto porque las vacaciones aún andan muy lejos, lejísimos…

Así que te repito la pregunta: ¿Y ahora qué?

¿Qué fue de los deseos que pediste con las uvas?, ¿siguen vivos?

¿Qué ha sido de los propósitos para el nuevo año?, ¿se han evaporado?

¿Qué ha sido de la ilusión con la que formulabas tales retos?, ¿se ha enfriado?

¿Qué ha sido de tu motivación?, ¿de verdad fue motivación?

La mayoría de personas despierta del sueño navideño para darse de narices con los días fríos, cortos y oscuros del mes de enero. Con lo de siempre.

Antes de darnos cuenta “volveremos a estar liados”, estresados y agobiados. Para colmo, casi todo lo que queríamos hacer durante estos días se ha quedado por hacer. Nos dimos permiso de descanso y el año nuevo nos ha atropellado otra vez.

Y mira que tenías claro lo de apuntarte al gimnasio, salir a correr, hacer dieta y leerte esos libros del armario.

Pero con tantas cosas atrasadas y por hacer, cualquiera se pone ahora, mejor nos ponemos las pilas, acabamos lo urgente y arrancamos en febrero. ¡Sí eso es lo que haremos, de febrero no pasa!

¿Seguro que lo haremos?

Si no te lo han dicho ya un montón de veces en la tele, los diarios y en las redes sociales, ya te lo digo yo: ni en febrero ni en marzo ni en agosto. Lo sabes bien, te ha pasado tantas veces…

Bueno, a ti y al 99% de la humanidad. Así es como funcionamos la mayoría de los seres humanos.

Grandes propósitos se quedan de nuevo en “agua de borrajas”.

¿Sabes por qué?, ¿sabes cuál es la causa? Porque una cosa es saber qué pasa, y otra es saber por qué pasa.

Pues si sigues leyendo, te voy a contar un secreto que puede ayudarte a vencer la pereza y la dilación. A no abandonar a la primera.

La mayoría de personas confunden exaltación con motivación. Y no tienen nada que ver la una con la otra.

Vamos a ver qué son y cómo funcionan:

La exaltación

Es un relámpago, algo repentino. Como los relámpagos, aparece de repente y desaparece con la misma velocidad. Luego queda la oscuridad. Incluso la duda de que de verdad haya pasado.

Las personas nos exaltamos cuando, de repente, nuestro equipo marca un gol. ¡Explotamos! O cuando nos dan de improviso una buena noticia. O cuando decimos sí porque todo el mundo anda exaltado y a la mañana siguiente, cuando nos hemos enfriado… “pues eso”.

La exaltación es como el cava, el llamado “efecto champán”. De repente una gran explosión, espuma exuberante que desborda la botella y las copas al llenarlas pero que a los pocos segundos ha desaparecido, se ha esfumado.

La exaltación es un relámpago, un trueno poderoso, pero solo dura un segundo.

La motivación

La motivación es otra cosa. Para empezar, no suele ser repentina, es más bien sosegada y tranquila, fruto de la reflexión. No desaparece al instante, sino que se mantiene en el tiempo, día tras día, mes tras mes y año tras año.

La motivación es lo que hace que cojas la bolsa de deporte y te vayas al gimnasio o a correr, tanto si hace frío como si hace calor, tanto si llueve como si hace viento o es de noche.

La motivación es lo que hace que pongas un pie en el suelo nada más suena el despertador.

La motivación es la que hace que “hinques los codos”, que pases largas horas y fines de semana estudiando mientras los demás están de fiesta, preparándote para aprobar tu examen y la carrera.

La motivación son los motivos que te llevan a la acción. Sale de ti y es permanente.

Como ves, existe una gran diferencia entre “querer” y “hacer”. Todo el mundo quiere cosas, todos nos apuntamos al carro de la abundancia o al del éxito, o a cualquier otro lleno de cosas buenas. Pero son muy pocos los que realmente pasan a la acción, pese a que sabemos que nada se consigue sin acción.

Para que entiendas bien la gran diferencia que hay entre la exaltación y la motivación te pondré un ejemplo de cómo funcionan. Porque ambas son necesarias, pero por si solas no suelen ser suficientes.

Es lo mismo que poner un coche en marcha.

Es muy probable que sepas conducir, pero ¿sabes bien cómo funciona la energía que mueve tu propio coche?

La exaltación es el motor de arranque. La motivación es la gasolina que mueve el motor a lo largo de kilómetros y kilómetros.

Cuando el coche está parado y deseas desplazarte, hay que arrancarlo, ponerlo “en marcha”. Por tanto, metes la llave, la giras, y el motor de arranque comienza a girar y a mover el motor tomando la energía de la batería. Uno, tal vez dos segundos y el vehículo ya está en marcha.

Cuando el coche está en marcha ya no necesita la batería, obtiene toda la energía del motor.

La batería tan solo se usa para arrancar el coche, un par de segundos y ya está. Cuando el coche ya está en marcha podríamos quitar la batería y seguiría funcionando todo a la perfección.

Cuando el motor funciona, además de desplazar el vehículo mueve el alternador, que es el responsable de distribuir la energía a las luces de dentro y de fuera del coche, y también a las bujías que encienden la gasolina en cada ciclo y que mantiene en marcha el vehículo. Los primeros coches no tenían batería, se arrancaban dando vueltas a una manivela. O las motos, que había que arrancarlas mediante un pedal.

¿Lo ves? La exaltación es la batería, es potente, pero se agota enseguida y solo se usa para arrancar. Si pretendes mover un coche sin gasolina usando el motor de arranque que se alimenta de la batería, probablemente no harás ni un solo kilómetro. Agotarás la batería en un santiamén.

La motivación es la gasolina. Mientras haya gasolina en el depósito no se parará el motor.

Horas y horas de viaje, kilómetros y kilómetros de ruta, fuertes subidas y cargados “hasta arriba”.

Tal es el poder del motor de explosión, tal es la fuerza de la gasolina, tal es su poder.

Si quieres saber cuándo actúas como un exaltado y cuando lo haces como un motivado, es muy sencillo:

No mires lo que dices, mira lo que haces.

Recuera que la más pequeña acción es mil veces más poderosa que todas las intenciones juntas. Nada sucede sin acción. Dicho de otra forma: una cosa es “decir o creer” que harás deporte y otra muy diferente es “hacer deporte”.

Y una cosa es ir “una vez” al gimnasio o a correr y otra es mantenerse en la disciplina durante semanas y meses.

Es una cuestión de voluntad. O, si lo prefieres, de motivación.
Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.Albert Einstein

Así que, ahora ya lo sabes. ¿Cómo andas de voluntad?, ¿o de motivación? ¿Eres de los de “me gustaría”, “tengo que”, “cuando me organice empiezo” o eres de los de quiero hacerlo y voy a empezar mañana”?. Bueno, todos somos ambas personas. Solo depende de “para qué”.

Todos tenemos una enorme fuerza de voluntad para algunas cosas, a la vez que tenemos una enorme pereza para otras. Cada cual tiene sus motivos para procrastinar o para entrar en acción.

Así que, si quieres separar el grano de la paja, si quieres separar la exaltación o la intención de la motivación,

Te propongo que uses mi receta, ¡Funciona, la he probado!

Venga, coge papel y lápiz y:

  1. Anota todas aquellas cosas que deseas (propósitos, sueños, deseos, o metas, como prefieras llamarlos)
  2. Una vez hecho esto separa las que sean una obligación (para satisfacer a otros, para que me acepten…) de las que realmente quieres para ti.
  3. Tacha y olvida todas las que no sean auténticos deseos y te hagan sentir bien.
  4. No te fijes en el proceso, pon el foco en el resultado. Tú no quieres “hacer dieta”, ese es el proceso, y es incómodo y frustrante. Lo que tú quieres es sentirte orgulloso de la figura que ves en el espejo de tu baño. Ese es el resultado, el beneficio de hacer dieta. ¡Gasolina para meses!
  5. Pregúntate y contesta si estás dispuesto a pagar el precio. Todo logro tiene un precio y conlleva una disciplina, un dolor. ¿Te importará que te duela?, ¿crees que abandonarás a la primera o crees que persistirás?
  6. Visualiza el resultado. Visualiza con detalle cómo estarás cuando hayas logrado lo que te propones. Necesitas enviar una imagen clara y poderosa a tu mente inconsciente. Enséñale el camino y el destino. Si no lo haces, ella se fijará en todas las incomodidades y en las piedras del camino. Y abandonará a la primera dificultad.
  7. Traza un plan. Escribe lo que harás y cuándo. No vale “cuando tenga tiempo”. El tiempo no se encuentra, se crea. Tú decides cuándo vas a correr, a leer, o a lo que sea. Pon día y hora. Y ten muy en cuenta los inconvenientes que pueden surgir y las soluciones que vas a utilizar.
  8. Lleva un sistema de seguimiento de tus progresos. Mide los kilos que has perdido, las páginas que has leído, o cualquier cosa que se pueda medir y que te confirme que estás en el buen camino. ¡Más gasolina!
  9. Proponte un período mínimo de disciplina absoluta. Determina tu fuerza de voluntad. El premio viene después del esfuerzo. La gente no fracasa, sencillamente abandona. Unos a la primera, otros a la segunda…
  10. Afírmate. Comprométete contigo mismo y, si puedes, con otros. Di a la gente lo que vas a hacer, anúncialo, deben creérselo ellos, pero, sobre todo, debes creértelo tú.

Y si vas algo justo de gasolina, pero tienes un destino claro al que llegar. Búscate un entrenador personal que te acompañe y motive en tu viaje.

Al final, si el destino vale la pena, te va a salir muy barato. Pero primero tienes que lograr para poder comparar, para poner lo logrado en un plato y el esfuerzo realizado en el otro.

Te lo aseguro, vale la pena lograr. Vale la pena acostumbrarse a lograr. Vale la pena subir el listón una y otra vez. Vale la pena crecer y desarrollarse, ser más, tanto en la vida como en los negocios.

¡Llámame y hablamos de ti!

¿O vas a abandonar justo ahora?


Foto: Edu Lauton


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios. Experto en mejorar resultados empresariales. Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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