New Deal - 101 - Vivir con miedo

Vivir con miedo

En Liderazgo por Fermín Lorente2 Comments

O superarlo y ser libre, tú eliges.

Todo el mundo tiene miedo a algo (o a muchos “algos”). Todos convivimos de forma habitual y natural con el miedo. El miedo forma parte intrínseca de la vida humana.

Echamos la llave al salir de casa, y a veces estando dentro. Cerramos bien nuestro coche tras aparcar, miramos por encima del hombro si alguien no nos gusta, callamos lo que está en nuestra mente pero que desearíamos decir, ahorramos para la jubilación, evitamos ciertos ambientes, tomamos decisiones presionados que no deberíamos tomar, vigilamos nuestras pertenencias, madrugamos, nos esforzamos, somos educados y nos aseamos, entre algunas miles y miles de pequeñas cosas cotidianas más.

¿Y todo esto por qué?

Sí, es una pregunta retórica, tú ya sabes la respuesta. Porque tenemos miedo.

Tenemos miedo de lo que opinen los demás sobre nosotros, de que nos roben o nos atraquen, de que nos hagan daño, de que no nos consideren dignos, de quedar mal, de que nos ignoren o no cuenten con nosotros, miedo a ser rechazados, tenemos miedo a fracasar y a perder.

Sí, a perder. A perder ese cliente que, en el fondo, desearíamos perder; a perder la amistad de los amigos, a ser derrotados y humillados por conocidos o desconocidos, a perder nuestro dinero y nuestros bienes que tanto nos ha costado lograr y que tanta falta nos hará en el futuro…

Todos vivimos con miedo, la cuestión es de a qué cosas y en qué grado.

Dejando aparte enfermedades mentales y fobias, el miedo es algo natural, algo que aprendemos de pequeños. Sí, el miedo es aprendido, no nacemos con él, lo desarrollamos durante la infancia, es algo adquirido.

El miedo es un sentimiento, no es bueno ni es malo, tan solo es un aviso, una intuición de que algo puede salir mal.

Si lo miramos en sentido positivo, nos avisa de que podemos caer y hacernos daño, de que podemos perder una amistad o un cliente si no nos comportamos de determinada forma, de que existe un peligro que nos puede acarrear pérdidas, sufrimiento y dolor. Visto así no está tan mal ¿no?

Pero si lo miramos en sentido negativo, el miedo es el gran limitador de la acción.

¿Cuántas veces hemos dicho sí, cuando sabíamos que deberíamos decir no? Y lo contrario. ¿Cuántas veces no hemos comenzado lo que deberíamos haber comenzado? ¿Cuántas cosas han quedado sin hacer, o peor, sin intentar, pero que nos hubiese gustado probar?

Dicen los mayores (yo aún no lo sé porque solo tengo 60), que cuando a una avanzada edad uno reflexiona sobre su vida, casi nadie se arrepiente de lo que ha hecho, más bien nos arrepentimos de lo que no hicimos y debimos hacer. Es una constante en todas las culturas de todos los tiempos.

Tuvimos miedo y no nos atrevimos.

Así fue, no vimos el momento, o la ocasión, pero sí vimos claramente los inconvenientes, las molestias, o los riesgos. Y lo dejamos para otro momento, para una mejor ocasión.

Y así, se nos ha pasado la vida sin apenas hacer ni lograr nada, sin apenas haberla usado, sin apenas haber vivido.

Creímos que tendríamos tiempo, y tiempo es justamente lo que no tuvimos, se nos escapó como el agua entre las manos. El tiempo es el recurso más escaso, aunque casi nunca sea esa nuestra percepción.

No hicimos a los 20 años lo que deseábamos hacer. Tampoco lo hicimos a los 30, no pudimos, ni a los 40 ni…

Y, a determinada edad, puedes mirar con perspectiva y darte cuenta de que no era para tanto, que no atreverse fue un error, porque ahora, uno ya no puede hacer el tonto intentando retomar sus 20 años, ya no. Aunque siempre hay alguien que lo intenta.

Y, sin embargo, el miedo es una pura invención de la mente, no es real. ¿No me crees? Pues aún te diré más, el miedo es tan solo una película que montamos en nuestra mente, algo que creemos sinceramente que puede, o que va a ocurrir.

Y resulta que el miedo solo puede vivir en el futuro, ya que no puede vivir en el presente.

¿Tampoco me crees? Vale, fíjate bien, primero tienes que separar el sufrimiento del dolor, son cosas muy diferentes. El dolor es algo físico, experimentas dolor (o no), ahora mismo, en este mismo instante.

Sin embargo, el sufrimiento provocado por el miedo es ficticio, inventado, y no está ocurriendo ahora, sino que son las consecuencias o problemas futuros que tú crees que van a ocurrir. Pero es tan solo eso, una creencia.

Observa bien, aunque te estén amenazando en este instante con un arma, tienes miedo de las consecuencias, de lo que crees que va a ocurrir en el futuro, aunque ese futuro esté solo a unos segundos de distancia. Pero date cuenta, no está ocurriendo ahora, de lo contrario, ya no sufrirías, simplemente tendrías dolor. ¿Ves la diferencia?

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.Buda Gautama
Dicho de otro modo, el dolor es físico, el sufrimiento es mental.

Si te fijas, hoy es ese día que tal vez te preocupaba tanto en el pasado. Así que dime, ¿valía la pena tanta preocupación, o era exagerada? ¿Si volvieses al pasado volverías a preocuparte?

Y, sin embargo, el sufrimiento se transforma en algo real, en dolor. Los seres humanos tenemos la capacidad de transformar pensamientos o “visiones” en emociones y éstas en sensaciones que el cuerpo puede perfectamente experimentar.

Somatizamos (convertimos en real) nuestros miedos y nos auto infligimos grandes dosis gratuitas de sufrimiento y dolor. Así somos, aunque, como he dicho, hay muchos grados, casi tantos como personas.

Buscamos la seguridad acumulando dinero y, cuando lo tenemos, tenemos miedo a que nos lo roben, es decir, nos sentimos inseguros. Dicen que los ricos sienten un intenso miedo a ser pobres, a que les roben, a perder su dinero. Cuando yo lo sea os lo confirmaré, hoy aún no puedo.

Lo cierto es que vivir con miedo sale caro, muy caro.

Te cuento algunas consecuencias, con frecuencia inconscientes, que provoca el miedo en nuestras vidas:

  • No vas a buscar clientes porque temes no lograrlos y sufrir el rechazo y la frustración. De hecho, te encanta creerte y te repites que “no sabes vender” (un buen truco para evitar el dolor… y los clientes)
  • Aplicas precios y márgenes bajos por miedo a no tener trabajo.
  • Haces descuento cuando te lo piden, rebajas aún más el precio, hasta márgenes miserables, por temor a no cerrar la venta, a que se la lleve la competencia.
  • No te atreves a llamar para cobrar, esperas que te paguen (no vaya a ser que se enfaden)
  • Dices sí cuando deberías decir no, aunque sabes que te van a desmontar todos tus planes y vas a acabar trabajando muchas horas (que no vas a cobrar) o el fin de semana.
  • Decidimos cobrar al final, cuando deberíamos cobrar antes de empezar. Y encima adelantamos nosotros el material con nuestro dinero.
  • Nos vendemos baratos, o peor, nos regalamos.
  • Dejamos de cobrar trabajos extras no pactados porque “nos sabe mal”
  • Aceptamos plazos imposibles que no nos dejarán vivir ni dormir y que encima nos harán quedar mal.
  • No nos ponemos grandes metas ni retos por miedo al fracaso. Huimos del fracaso, la mejor manera de no fracasar es la de ni tan solo intentarlo.
  • Dejamos lo que estamos haciendo, que es importante, para salir corriendo ante cualquier urgencia de cualquier cliente. ¿De quién es la urgencia?
  • Vamos siempre corriendo, agitados y estresados porque aún no hemos aprendido a decir que no.
  • No hemos aprendido a decir que no, porque tenemos miedo de las consecuencias. Y acabamos pagando precios muy altos por decir sí.
  • Sigue tú si quieres, seguro que puedes añadir unas cuantas a la lista. Yo ya me he cansado.

Al final acabamos pagando grandes costes. Costes de dinero: el que no cobramos, o el que regalamos. Costes de tiempo: el que robamos a nuestra familia, a nuestros amigos o a nosotros mismos.

¿Te das cuenta?, ¿eres consciente de esto?, ¿sabes quién es el responsable?

Pues eso, y ahora la pregunta:

¿Se puede ser libre y vivir sin miedo?

Lo cierto es que nunca podremos liberarnos de todos nuestros miedos. Y al final tendremos que enfrentarnos a los tres grandes: la enfermedad, la vejez y la muerte.

Pero sí podemos eliminar una enorme cantidad de pequeños o no tan pequeños miedos y con ello mejorar nuestra vida, nuestra economía y tener más tiempo para vivir, ser un poco más libre.

Solo hay una forma de perder el miedo, y es enfrentarse a él.

Generalmente el miedo nos domina por la sencilla razón de que tenemos la creencia de que no podemos con él, de que nos supera, y de que no hay nada que hacer. Pero nada es menos cierto que eso, se trata de una creencia falsa.

Si quieres liberarte de tus miedos, te propongo este plan:

  1. Identifica, concreta y específicamente, a qué le tienes miedo (probablemente ni siquiera lo sepas, está muy escondido en tu inconsciente)
  2. Nómbralo. Ponle un nombre que le identifique y lo describa. Tengo miedo a… o tengo miedo a que ocurra…
  3. Cuantifica el riesgo. Calcula bien lo que puede pasar, lo que puedes perder.
  4. Dale forma, tamaño y color a tu miedo. Busca concretarlo lo máximo posible.
  5. Imagina ahora que está delante de ti, justo encima de tu mesa. ¿Es tan terrible?
  6. Intenta tocarlo, empujarlo un poco. Sigue ahí aguanta, e intenta aplastarlo. Sí, dale un puñetazo, no te cortes, no te ve nadie, dale duro.
  7. ¿Lo has hecho?, Cómo te sientes ahora?

Lo cierto es que nuestros miedos suelen ser indefinidos, escurridizos, oscuros y ocultos. Cuando te enfrentas a ellos suelen menguar, esfumarse, empequeñecerse y desaparecer.

Y un consejo, empieza por los pequeños, cada vitoria te dará motivación para ir subiendo el listón. Cuantas más “muescas marques en tu culata” más valiente y animoso serás.

Si lo quieres concretar en una herramienta, te aconsejo que uses una hoja de metas. Las metas son retos que, para su logro, hacen necesario que salgas de tu zona de confort, que salgas a la incomodidad de superar tus dudas, preocupaciones o miedos, como prefieras llamarlo.

Y si necesitas que alguien te lleve de la mano, llámame, juntos buscaremos un reto que puedas superar y que te enseñe al camino de superar uno tras otro.

Se acabó la lectura, es hora de la acción:

Tú eliges, vivir con miedo o superarlo y ser libre.

¿hablamos?


Foto: Caleb Woods


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios.
Experto en mejorar resultados empresariales.
Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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Comentarios

  1. Ni más ni menos…. el miedo hace que veamos al zorro más grande y feroz de lo que es!

    Yo siempre lo digo, para que preocuparse tanto si al final todos iremos al mismo sitio… y la experiencia me dice que los problemas siempre pasan, afortunadamente.

    Me gustan mucho tus artículos!!!!

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