New Deal - 109 - ¿Cómo te está yendo tu Blue Week?

¿Cómo te está yendo tu Blue Week?

En Liderazgo por Fermín LorenteDeja un comentario

¿Sabías que el lunes pasado fue el día más triste del año?

Sí, para los americanos “blue” (azul) es el color de la tristeza. Creo que para nosotros es el gris, aunque nunca lo hayamos oficializado como suelen hacer ellos.

Siempre que leo cosas sobre el “blue” aparece en mi cabeza una canción de los 80 que cantaba un brasileño de fama mundial, Roberto Carlos. El título era “El gato que está triste y azul” La verdad es que es una redundancia, pero bueno, no es más que una canción de un gato que se sentía “azul”.

El hecho de declarar el tercer lunes de enero como el más triste del año se basa en una teoría del psicólogo británico Cliff Arnall.

La teoría se basa en diferentes variables: el clima de “frío polar”, la (dura) cuesta de enero, el tiempo que ha pasado desde que acabó Navidad (con la nostalgia correspondiente) y los propósitos de año nuevo (que pasados quince días no se han cumplido).

Todo un festival de pequeñas hecatombes, pueden “tumbar a cualquiera”.

Sí, y por si todo eso fuera poco, encima es lunes. Y hay que madrugar. Nos ponemos tristes, nos venimos abajo cuando la realidad nos saca de ese clima de ensoñación y de una bofetada nos coloca en medio de la realidad, en ocasiones cruda y fría.

Aún teníamos en la boca el dulce sabor a Navidad y en el cuerpo ese tibio calorcillo de nuestra cama calentita. Y un cierto ritmo de pereza, de estiramiento tras la siesta en el sofá. ¡Y de repente fin de todo, se acabó! Un jarro de agua fría.

Por alguna razón habíamos olvidado que en los últimos años siempre ha sido así, pero, por décadas que pasen nos rendimos ante un sinfín de posibles expectativas de mejora. Quién sabe, ¿será el espíritu de la Navidad?

Nuestra mente consciente sabía que nada iba a cambiar, que no existe razón alguna para ello.

Llevamos años constatando que esa tranquilidad y esa organización que creímos que alguien o algo iba a regalarnos, este año tampoco la han traído los Magos. Bien al contrario, a estas alturas ya estamos metidos de lleno en los agobios y en las urgencias, ¡otra vez!

Pero la mente inconsciente no tiene esa consciencia, tan solo visualiza expectativas, mejores, más positivas.

El inconsciente humano es como un bebé, no tiene filtros y acepta todo lo que le des. Y conscientemente o no, durante las Fiestas, formulamos deseos de mejora, deseos que ella puede ver, deseos de nuevas circunstancias, que también puede ver, deseos de ir por la vida sin correr, de trabajar con calma, y de estar bien.

Y a la mente le gusta esa película que ve. Y peor, se la cree.

Pasadas las fiestas, lo habitual es que no haya ocurrido nada de lo vaticinado. Nuestras expectativas se han helado, se han caído en medio de la calle, y se han roto. ¡Cómo no vamos a sentirnos tristes!

El dolor íntimo es la diferencia que existe entre nuestras expectativas y la realidad.

Y lo cierto es que entre las expectativas que habíamos generado y lo que había en nuestra realidad este lunes pasado de madrugada, es para encogerse de hombros, para dejarse caer hacia atrás en nuestra silla, o para darse la vuelta en la cama y buscar la protección del sueño y del calor. Para sentirse “azul”.

Yo suelo afirmar que la tristeza es un estado del alma. Se trata de un sentimiento, de una emoción. No es una cosa sino un estado, una actitud, no tiene por qué obedecer a una razón. Es la manera como uno responde al mundo y a la realidad que le rodea.

Según la Wikipedia, la tristeza es una de las seis emociones básicas (no natales) del ser humano según Paul Ekman, junto con el miedo, la ira, el asco, la felicidad y la sorpresa. Es una clase de dolor emocional o estado afectivo provocado por un decaimiento espiritual y expresado a menudo mediante el llanto, el rostro abatido, la falta de apetito, la lasitud etc. A menudo nos sentimos tristes cuando nuestras expectativas no se ven cumplidas o cuando las circunstancias de la vida son más dolorosas que alegres. El sentimiento opuesto es la alegría.

Yo he aprendido que las emociones no son ni buenas ni malas, son sencillamente emociones. Y el cuerpo suele reaccionar a las emociones sintiendo sensaciones.

El lenguaje corporal, que depende del inconsciente, expresa las emociones. Es difícil disimular cómo nos sentimos.

La tristeza, o su compañera la melancolía, son emociones por las que todos pasamos y seguiremos pasando mientras estemos vivos. Pretender que nuestra vida no tenga altos y bajos nos llevaría a un encefalograma plano. Una manera de decir que estaríamos muertos.

Hay que aprender a aceptar la tristeza como lo que es. Y lo que es, es que la vida nos está hablando.

Si te fijas un poco, si te detienes tan solo unos minutos, comprobarás que ese dolor íntimo no es contra nadie, no hay rival, por muchas vueltas que le des, no hay nadie en el mundo dedicado a fastidiarte la vida. Como digo yo, de eso ya nos encargamos nosotros personalmente.

La tristeza tiene la parte buena de hacerte parar, de aquietarte, de darte tiempo y horizonte para ver y reflexionar, te concede perspectiva. Es por tanto una oportunidad. Una oportunidad de cambiar para mejorar. Te dice que hay algo que está mal.

Si no me crees, hazte la siguiente pregunta: ¿por qué estoy triste?

Y bueno, ya puestos, hazte otra más: ¿qué tendría que ocurrir para no estar triste?

Al final, te guste o no, te darás cuenta de que tanto la primera respuesta como la segunda, dependen de ti. De ti y de nadie más que de ti. Precisamente eso es lo que te pone triste.

Si tu tristeza es como los resfriados y solo dura un par de días hasta que cojas el ritmo, no debes preocuparte mucho. No te gusta tu vida, pero la aceptas. Es decir, aceptas tu destino, te conformas.

Pero si no se va, o si ya dura mucho tiempo, ¡tienes que buscar ayuda!

La razón por la que debes buscar ayuda es porque la tristeza es el camino hacia la depresión que suele ser una huida al pasado, un no aceptar el presente, no aceptar lo que hay, la realidad.

Buscar un terapeuta, un sicólogo o un coach es tu primer acto de valentía, tu primer movimiento.

Debes identificar la causa de tu “bajón” emocional. Debes indagar si es a causa de alguna persona, circunstancia, estado, o si sencillamente no te gusta tu trabajo o los resultados que obtienes de la empresa y por consiguiente de la vida.

Una buena pregunta para ayudar a poner el foco en su lugar podría ser esta: ¿Si tuvieses 100 millones de Euros en el banco, estarías triste?

Yo no soy siquiatra ni terapeuta, no tengo pacientes, tengo clientes. Las carencias habituales de mis clientes suelen ser de dinero y de tiempo.

Normalmente el dinero compra el tiempo. O la tranquilidad de delegar, o la de contratar a más personal, o la de externalizar servicios sabiendo que “estás cubierto” si pasa algo.

En ese caso, mi “diagnóstico” es que debes mejorar tu productividad, tu organización, tu capacidad de delegación y tu liderazgo.

Y para eso ¡tengo soluciones concretas que funcionan!

Así que, no estés triste, da un paso hacia un modelo más alegre en tu vida, pide ayuda y la tendrás.

Haz que este sea un año nuevo, ¡de verdad!

¿Hablamos sobre ti?


Foto: Pan Xiaozhen


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios. Experto en mejorar resultados empresariales. Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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