New Deal - Por qué la Facilitación y el Coaching desplazarán a la formación empresarial

Por qué la Facilitación y el Coaching desplazarán a la formación empresarial

En Formación por Fermín Lorente1 Comment

Imagina que decides invertir tus recursos más valiosos, tiempo y dinero, en formar a tus colaboradores. Imagina que inviertes el tiempo tuyo y el de todo tu equipo. Y una buena suma de dinero en contratar a un formador para que realice el curso, previsto y necesario, para tu empresa. Podríamos llevarlo a extremos si se debe concentrar a todo el equipo nacional, con sus viajes y dietas, se realiza en el salón de un hotel, existen actividades de ocio, y hasta una cena de gala con regalos; pero no hace falta tanto.

Y ahora imagina que tras la formación y tras la inversión de tiempo y de dinero, todo sigue igual, no ves resultados ni cambios.

La pregunta es: ¿repetirás otro proceso de formación? Probablemente hayas respondido que no, pero tal vez te estés engañando, de echo lo hace todo el mundo, desde las pequeñas empresas a las grandes multinacionales, ¿por qué tú no? La pregunta es: ¿es que hay algo más?

Pues sí, hay más cosas, pero solemos reaccionar con lentitud y desconfianza a lo que no conocemos. Incluso en ocasiones, con desprecio, que es una buena manera de “defender la posición” de que nada cambie, de hacer lo de siempre, lo conocido y dominado, de no arriesgar, no vaya a ser que…

Sin embargo, es sabido y conocido (los norteamericanos lo saben más y mejor que nosotros porque acostumbran a medirlo todo) que la mayoría de formaciones, ya sean presenciales, on-line, o mediante libros de estudio, no funcionan, o funcionan muy poco.

Los responsables de formación de las grandes empresas lo saben. Uno de ellos, responsable de formación de una de las empresas Fortune 1000 (las 1000 empresas del mundo con mayor facturación) declaró que “no tenía ni idea de si la gente usaba o no la formación recibida y que si tuviese que hacer un cálculo, cree que la gente usa menos del 5% de lo que se supone que ha aprendido“.

¡Demoledor, menos del 5%!

Pongamos las ideas en un contexto concreto: supongamos que acabas de leer un libro sobre ventas, o sobre productividad o marketing. Supongamos que no pones en acción ninguna de esas ideas que has aprendido. ¿Qué has logrado leyendo el libro y sabiendo de ventas o de la materia que sea? Nada, por supuesto. El éxito y la mejora viene cuando se aplica lo aprendido, cuando se entra en acción. La acción no es una opción, es imperativa.

Por tanto, si has cogido a tu gente, la has apuntado a un curso (tanto si querían como si no) viene el formador, hace su trabajo, se va, pero tu gente no tiene la menor intención de aplicar nada, ¿qué resultados van a conseguir? ¿Vas entendiendo…?

Ahora imagina que hay maneras diferentes, mejores… Imagina que tienes que aplicar lo que has aprendido y se va a medir el resultado. El de todo el mundo, claro.

Imagina que tratamos de convertir a cada persona del equipo en un líder responsable de poner lo aprendido en acción, y le responsabilizamos de lograr los resultados. Imagina que el formador pasa a ser un motivador, un “personal trainer”, un líder de líderes. Que ése es el trato.

Pero, ahora que caigo, tal vez sepas poco o no tengas claro las diferencias concretas que hay entre formación, coaching y facilitación, ¿qué te parece si lo aclararnos y ponemos un poco de luz en ello?

FORMACIÓN TRADICIONAL

Es lo que todo el mundo tiene más claro, es lo de toda la vida. El profesor, los alumnos, la clase, la pizarra… Claro que el profesor puede estar a distancia o haber grabado la lección y que la pizarra puede ser electrónica, pero el concepto no ha cambiado.

Y el concepto es que el experto imparte sus conocimientos a un grupo de gente que los recibe y, una vez acabado el curso, el profesor se marcha y los alumnos no tienen la obligación de aplicar o de usar nada de lo aprendido (se supone que lo harán). Y es bien sabida la resistencia que tenemos las personas a hacer las cosas diferentes de como las hemos hecho siempre.

¿Por qué iban a hacer cambios si siempre lo han hecho de la manera que conocen? ¿Qué gana una persona esforzándose en aplicar cosas nuevas y que tal vez no comprenda del todo o, en el peor de los caos nunca antes haya hecho? ¡Uf! Demasiadas cosas pueden salir mal. Resulta poco atractivo y sin ningún beneficio o razón para aplicar lo aprendido ¿me sigues?

PROCESO DE COACHING

Es aquel en el que un experto va a acompañar a su cliente a lograr su objetivo. ¡Un momento! ¿has dicho objetivo? Sí, eso he dicho. Un coach no es un formador, es un compañero de viaje, un entrenador personal. El punto de partida es que el coach cree en las posibilidades y habilidades de su cliente para lograrlo, para conseguir o para generar los recursos necesarios para ello.

La misión del coach es realizar el viaje hacia el objetivo con el cliente, de hacerle de espejo, de retarle cuando cree que no puede, de hacerle ver que tiene muchas más perspectivas de las que está viendo, de “empoderarlo” (no tenemos traducción para la palabra “empowerment”) o de responsabilizarlo, de hacerlo salir de su zona de confort, donde siempre pasa lo de siempre y nunca hay nada nuevo y estimulante.

El coach no estira ni empuja, solo está ahí, alumbrando el camino, acompañando, sacando la mejor versión de su cliente, ayudando a que se convierta en la clase de persona que tiene que ser para lograr lo que tiene que lograr.

Y resulta que la persona que comienza el viaje y la que lo acaba, son personas diferentes. ¿Por qué? Pues la razón es que, durante el proceso, el cliente experimenta dos cambios. El primero es un cambio transaccional que quiere decir que aprende cosas nuevas, haciendo cosas nuevas. Ya sabes, o aciertas o aprendes…

El segundo cambio es más profundo, es un cambio transformacional. Durante el viaje hay que enfrentarse a retos a los que, probablemente, sin la presencia del coach evitaría, no se enfrentaría. Hay que exponerse. Y exponerse significa atreverse, y eso conlleva comprobar que lo que uno tenía como cierto, a menudo es falso. Hay que cambiar las creencias limitantes, los auto saboteadores que nos limitan y nos frenan en nuestra empresa y en nuestra vida (no sé vender, no tengo tiempo, ahora no es el momento, no funcionará, siempre se ha hecho así, no puedo, no sé cómo hacerlo…).

La gran diferencia es que salimos del terreno conceptual de la formación y pasamos al terreno real de la acción. Y solo la acción provoca resultados.

PROCESO DE FACILITACIÓN

Es algo todavía más desconocido que el coaching, por lo poco habitual, aunque no es nuevo. Es a la vez una mezcla de formación y coaching, incluye el objetivo a lograr, pero añade herramientas específicas. El facilitador facilita las herramientas para lograr el objetivo, pero es a la vez un experto en la materia, ya sea ventas, productividad, organización o habilidades directivas y de liderazgo. Generalmente, en el mundo del coaching la herramienta es el propio coach, o mejor dicho las habilidades adquiridas para acompañar a su cliente a su destino.

En el mundo de la facilitación, para lograr el desarrollo profesional y personal que debe experimentar el cliente durante el proceso, se hacen necesarias 3 condiciones:

  1. El cliente debe asumir un reto (un objetivo SMART a conseguir).
  2. El cliente debe desarrollar nuevas habilidades (formarse, aprender cosas nuevas, a usar las herramientas facilitadas).
  3. El cliente debe modificar su actitud (solo modificando hábitos y creencias podrá usar las herramientas y las habilidades aprendidas y lograr el objetivo).
¿Y cómo se sabe si la facilitación funciona?

Pues muy fácil, midiendo los resultados y la actividad realizada, así de sencillo. No puede haber resultados sin acción, ni acción sin cambio. Poderoso ¿no?

Quiero decir aquí que soy formador (tengo mis propios cursos y talleres), también soy coach (estoy certificado por el ICF -International Coach Federation- en USA) y también soy facilitador, estoy certificado por dos organizaciones también de USA. Pero si tengo que elegir, si hay algo que haya comprobado personalmente y durante años que funciona, yo elijo la facilitación.

Cuando me preguntan a qué me dedico, no puedo decir que soy facilitador, nadie me entiende. Y tampoco puedo estar durante un buen rato intentando explicar algo desconocido y, por eso mismo, difícil de encajar, porque la mente rechaza de forma inconsciente todo aquello que no conoce. Así que cuando me preguntan, respondo que “soy ferretero y tengo una ferretería de herramientas especiales” Y ahí lo dejo. A menudo, la gente siente su curiosidad y me hace la segunda pregunta: ¿qué son esas herramientas especiales? Sonrío y contesto que, a diferencia de las herramientas “normales” que arreglan muebles o tuberías, las mías arreglan empresas y vidas. Y créeme, no exagero.

Explico que tengo varias cajas de herramientas, que vendo a cada cliente la que necesita para lograr su deseo o para resolver su problema, y que le enseño a usarla y observo, mientras le acompaño, cómo va construyendo su obra (logrando su objetivo), cómo aprende a usarla y se va haciendo un experto.

Tras el proceso de facilitación, una vez que mi cliente tiene la herramienta y sabe usarla, ya no me necesita, es autosuficiente. ¡Sabe que sabe, y sabe que puede! Hasta que tal vez quiera ir más allá y necesite de nuevas herramientas para el nuevo viaje.

Quiero terminar aclarando que, en mi opinión, la formación es la más barata, pero que suele acabar siendo cara por su no aplicación. Que el coaching es más caro, pero que suele acabar siendo barato. Y que la facilitación, en ocasiones puede ser aún más cara, pero que acaba resultando la más barata y la mejor de las opciones. Con frecuencia, mis clientes de facilitación, tan solo durante el proceso, han pagado varias veces el valor de la herramienta. Y queda de su propiedad, para siempre…

Ahora es necesario “empezar a cambiar el chip”, a abrir la mente, a entender que la mejor de las inversiones es la de invertir en el desarrollo profesional y personal propio y del equipo, antes que en cosas y en máquinas. La razón es que las cosas y las máquinas son externas, se estropean, envejecen y, finalmente, se hacen obsoletas y se pierden, mientras que lo que somos, aquello en lo que nos convertimos, nos acompaña durante el resto de nuestra vida.

Y hasta aquí hemos llegado. ¿Qué dices tú de esto? ¿Tienes historias o casos que compartir? ¿Estás en desacuerdo? Pues deja aquí tus comentarios, si así lo deseas.


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios.
Experto en mejorar resultados empresariales.
Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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