New Deal - 110 - Aprender, una actitud perdida que debemos recuperar

Aprender, una actitud perdida que debemos recuperar

En Formación por Fermín LorenteDeja un comentario

Nos hemos convertido en adictos a la información y en alérgicos al aprendizaje. ¡Y ni tan solo nos hemos dado cuenta!

Los aprendices “murieron” hace años, por eso actualmente hay tan pocos profesionales “de verdad”. Cuando enfatizo con comillas ese “de verdad” intento separar a esos profesionales que a la hora de la verdad no concretan o no llegan, de los auténticos que sí saben resolver problemas y tienen la experiencia y el “saber hacer” necesarios, aquellos que realmente dominan su oficio.

Hoy en día casi todo el mundo es profesional “a nivel de usuario”.

Ocurre que cuando alguien solo domina un oficio o profesión, pongamos al 50%, que es lo mismo que decir “a medias”, visto desde los ojos del que tiene el problema y lo contrata, que probablemente tiene un conocimiento nulo en la materia, lo ve como una auténtica autoridad. Hasta que comienzan las dificultades.

Estamos avanzando enormemente en tecnología, pero estamos perdiendo “el oficio”, la auténtica profesionalidad, el sentirse orgulloso de ser un profesional en una materia, de dominarla hasta el extremo de poder hacerla con los ojos cerrados.

Mis clientes, empresarios ellos y ellas en su mayoría, llevan años diciéndome que la gente no quiere trabajar. Y que además tampoco quieren aprender.

Al principio me sorprendían esas afirmaciones porque llevamos años con un nivel de paro indecente, inaceptable. Y viendo en la tele gente tan desesperada y falta de recursos incluso para dar de comer a sus hijos, es evidente que eso que afirmaban no encajaba, que no podía ser, “no cuadra”.

Pero eran tantos afirmando lo mismo y durante tanto tiempo, que me picó la curiosidad y empecé a interesarme en esa cuestión.

Y la cuestión al parecer es que la gente quiere dirigir, sin saber, y trabajar y cobrar, sin hacer. Hemos pasado una crisis, nos ha bajado la economía, pero no nos ha bajado el ego.

Al parecer los negocios tradicionales andan muy faltos de profesionales que sepan bien su oficio. Me refiero por ejemplo a carniceros, carpinteros, panaderos, dependientes, cocineros, camareros, y unos cuantos “eros” más. Y puedo seguir con instaladores, pintores, pero también con recepcionistas, telefonistas, contables, aseguradores, asesores o incluso personal de atención al público en general.

En ocasiones en lugar de atención al público, parece que les paguen para la “desatención” al público. Seguro que te has sentido montones de veces “abandonado e ignorado” por gente que ni te mira ni te presta atención, a la que parece que molestes con tus preguntas o simplemente con tu presencia.

Por lo visto la mayoría de oficios no solo no dan prestigio, sino que al parecer incluso desprestigian.

Decirle a los “colegas” que trabajas de aprendiz de carpintero, de camarero o de cajero, te hace quedar mal, te desprestigia, “no mola”. La gente te mira mal, como a un leproso, o peor, un fracasado. Es como aceptar que no sirves para nada mejor, aunque quizás ahora mismo sea esa la realidad.

Si encima le añades que el oficio es duro, que hay que madrugar, esforzarse, que hay que trabajar los sábados (muchas veces también los domingos), y que el sueldo no es precisamente de directivo, “pues eso”.

No vale la pena, mejor me quedo en casa… ¡de mis padres!

Mejor esperar a que salga algo de lo mío, aunque “lo mío” no exista ni nunca haya existido. Ya sabes, algún puesto “de despacho”, con un buen horario y buen sueldo donde en poco tiempo ya sea jefe.

Y mientras eso llega (porque tiene que ser “eso” lo que le llegue a uno), disponiendo de habitación con su ordenador, cama, el plato puesto en la mesa, y un lugar donde te lavan la ropa y no pagas recibos, y donde además te dan unos Euros para pasar el fin de semana, cualquiera se pone a “currar por cuatro duros”, ¡que se habrán creído!

Los alemanes lo tienen más claro que nosotros. Como potencia industrial que son, la fábrica es lo primero. Y la fábrica tiene trabajadores. Y para que los trabajadores trabajen bien, tienen que estar bien formados. Pero, sobre todo, tienen que tener unas prácticas dilatadas y un alto dominio en la materia. En Alemania, el sistema de formación presta mucha, muchísima atención a la práctica real.

En Alemania es un éxito. Se llama Formación Profesional Dual, consiste en compaginar durante dos años los estudios con prácticas en una empresa, de forma intercalada. El 68% de los estudiantes alemanes que lo cursan consiguen un empleo en esa misma compañía. A España la FP Dual llegó en 2012 y pese a que cerca del 70% de los alumnos logra un trabajo, solo el 0,4% de los estudiantes cursa esta opción frente al 17% de media de los países de la OCDE. ¿Qué está fallando?  ¿Cuáles son las barreras para que este modelo no triunfe en España? 

A diferencia de lo que sucede en España, los estudiantes alemanes son los que se ponen en contacto con las empresas para hacerles saber que les gustaría formarse allí.

FUENTE: El País -Negocios 07/01/2018

Los americanos también lo han tenido claro desde siempre. Ellos hablan de “Know How” de “saber hacer”. Tienen muy clara la diferencia que hay entre el saber (teórico) y el hacer (práctico).

La cuestión no radica en tener un diploma, sino en saber el oficio. Y en saberlo bien. Se trata de saber resolver los problemas que forman parte de ese oficio, y de hacerlo de forma eficiente. Ah, me olvidaba, y con una sonrisa en la cara y escrupulosamente educados con el cliente. O no acabas allí el día.

Y es que aprender viene del verbo “aprehender” que literalmente significa “coger”. Y coger es una acción física que realiza el cuerpo tras haber recibido órdenes de la mente.

Es el cuerpo el que aprende a través de la experiencia, y no la mente.

Los conocimientos mentales son mera teoría, certifican que la persona se ha “formado” en una disciplina, pero no certifican la experiencia, ni el oficio, ni la eficacia. Eso se supone, pero con frecuencia no existe, no ha habido la oportunidad o quizás la voluntad de llevarla a la práctica, de hacer.

Cuando la gente no ama su profesión, su profesión tampoco le ama a él. Y eso puede notarlo cualquiera.

Hace tanto tiempo que un camarero no me atiende con cordialidad, profesionalidad y oficio que ya ni me acuerdo cuánto. Añoro aquellos profesionales rápidos, eficientes y atentos, que te recordaban, que sabían lo que ibas a pedir y ya te lo proponían ellos. ¡Y que tenían visión del conjunto, miraban buscando necesidades de los clientes y nunca hacían un viaje de vacío!

Pero resulta que la mayoría de la gente no considera eso como un oficio, creen que no tiene misterio alguno y que lo puede hacer cualquiera. ¡Qué error, para ser camarero o tendero, hay que saber y hay que valer! Y eso cuesta años.

Mi mecánico está orgulloso de su oficio. Es uno de esos mecánicos “de toda la vida”. Lleva toda su vida enfrentándose a todo tipo de coches y reparándolos. Te cuento esto porque hace poco me di cuenta de que mi coche hacía un ligero ruido. No llegaba a molesto, pero ya no se deslizaba con aquella suavidad y silencio de siempre, había perdido el confort del silencio en la marcha.

En los desplazamientos largos yo intentaba escudriñar el origen del ruido, encontrar el origen para saber cuál era el problema. Pero por más que orientaba mi cabeza y mis oídos, no era capaz de localizar la procedencia del “maldito ruido”.

Probé a acelerar y a frenar, a circular con marchas cortas y largas, e incluso a circular sin la marcha puesta. Pero el ruido se mantenía igual, inalterable.

En cuanto mi mecánico probó el coche me dijo: “tienes que cambiar el cojinete de la rueda delantera derecha porque está roto y hace ruido” ¡En solo cinco minutos!

Ya sabes, es de esos profesionales que meten la cabeza en el asunto, miran, escuchan, y si hay algún problema te dicen cómo se soluciona, cuánto tardará y, sobre todo, ¡cuánto te costará!

Profesionales de esos, quedan ya pocos.

Un profesional de verdad ama su oficio, su profesión, es bueno en ella porque se ha entregado, ha aceptado todos los retos y los ha superado. Tiene formación y muchas horas de vuelo acumuladas y eso le ha otorgado la experiencia en su materia.

Quien ha hecho ese camino, ¡no puede ser barato!

Dicho de otra forma, quien se vende barato te está descontando su falta de profesionalidad. Compite por precio porque no puede hacerlo de otra forma, tanto si es un empleado que contratas como si es un profesional que llamas para resolver un problema.

A un profesional de verdad no le falta nunca trabajo, por eso puede permitirse elegir. Y puestos a decir “no”, no aceptan apaños, chapuzas ni pequeños trabajos de baja calidad y precio, para eso ya hay otros dispuestos.

Antiguamente lo sabíamos, pero lamentablemente lo hemos olvidado. Cuando yo era joven, hace algunas décadas, todo el mundo entraba de aprendiz o de botones. Empezabas por “barrer y hacer recados” y poco apoco, ibas aprendiendo. Primero una cosa, luego otra, hasta que acababas por aprender el oficio, por dominarlo, por digerirlo y asimilarlo.

Tu profesión forma parte de ti, y tú formas parte de tu profesión. O no eres un profesional de verdad.

Ahora la gente sale “formada” de las escuelas, centros de formación profesional, o de las universidades. Tienen un montón de conocimiento teórico del que probablemente mucho se ha ido olvidando y, aunque en algunos casos hayan hecho prácticas, no hay que perder de vista que no es lo mismo pilotar un “Jumbo” en un simulador, que uno de verdad con 300 pasajeros y tú a bordo.

Sí, la cabina es igual, y los mandos también. Todo parece real, pero no lo es. Y las consecuencias de estrellarse en un caso u otro, son bien diferentes. Y eso es algo que la mente inconsciente sabe y que el cuerpo pude sentir.

Esa es la clave, sentir con el cuerpo. La calma y dominio del profesional, o la angustia y los nervios del que no lo es.

En mi oficio de “facilitador de herramientas” o si lo prefieres “entrenador personal de Directivos” lo que hago precisamente es proporcionar a mis clientes toda la información que necesitan sobre las materias (productividad, organización, liderazgo…) pero, sobre todo y al mismo tiempo, hago que usen las herramientas, eso es vital.

Durante años he observado que leen, que vienen y me escuchan, pero que con frecuencia les cuesta hacer las tareas asignadas. Cumplen “lo justo” y no siempre, y no todos.

Y resulta que la maestría se adquiere con la práctica reiterada, reiterada, reiterada…

Por alguna razón, la mayoría de la gente no quiere sudar, quiere “aprender” cómodamente sentada en su sofá y si puede ser “en vídeo” para evitarse el esfuerzo de leer.

Y saber no es “saber hacer”.

La mayoría de personas quieren lograr cosas como “organizarse”, “gestionar el tiempo”, o mejorar los resultados de su empresa, pero no lo logran.

No se dan cuenta de que creen que saben, pero lo cierto es que no saben, nunca antes lo han hecho y probablemente nunca lo lograrán.

¿Que cómo lo sé? Pues muy fácil el que sabe hacer esas cosas, es porque ya lo ha hecho antes, y quien lo ha hecho antes, puede volverlo a hacer cuando lo desee o cuando sea necesario. Así de simple, o sabes o no sabes.

Imagina lo que le ocurriría a tu empresa y a ti si todos los tuyos fuesen auténticos profesionales en lo suyo e hiciesen el trabajo bien y sin que tuvieses que estar tú encima. ¿Puedes imaginarlo?

Así que, reflexiona, sé inteligente. Si llevas años de esfuerzo y sufrimiento intentando mejorar los resultados de tu empresa, intentando delegar y tener un buen equipo, intentando poder ir alguna vez al gimnasio, deseando llegar a casa a una hora “decente”, desengáñate, no sabes hacerlo.

Pero puedes aprender. Y yo te puedo ayudar.

¿Quieres llegar a ser un maestro de la productividad, de lograr metas y objetivos en tu empresa y en tu vida, de las prioridades, de la organización y de la calma?

Pues puedes hacer dos cosas:

  1. Apuntarte ahora mismo a uno de nuestros talleres para ver y entender cómo se hace eso.
  2. O ir al grano y apuntarte a uno de nuestros programas de productividad y organización. Un viaje que te cambiará a ti y a tu empresa.

¿Qué eliges? ¿Cuánto hace que no inviertes un duro en ti mismo?


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios. Experto en mejorar resultados empresariales. Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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