New Deal - 88 - Cómo motivarse a uno mismo, la automotivación.

Cómo motivarse a uno mismo, la automotivación

En Motivación por Fermín Lorente0 Comments

Parte 1: ¿Qué es lo que te motiva?, ¿qué motivos te mueven a la acción?

¿Has hecho cola alguna vez durante horas, soportando el frío, el calor, o la espera, para comprar una entrada y poder ver a tu equipo o a tu grupo favorito?

¿Has estado encerado 11 o 12 horas en un avión o autocar, sin apenas poder moverte, hasta llegar a tu destino?

¿Has dedicado años de tu vida a estudiar y prepararte para aprobar asignaturas y cursos, hasta obtener una carrera y su titulación?

¿Por qué hacemos estas cosas las personas?, ¿qué nos lleva a aguantar toda serie de incomodidades, sufrimiento y, en ocasiones, dolor?

La respuesta es sencilla, tenemos nuestros “motivos”. Para nosotros, “vale la pena” o, dicho de otra manera:

Las expectativas que nos hemos generado respecto al futuro, compensan ampliamente las penas y sacrificios del presente.

En el caso del encuentro, o del concierto, “el plato de nuestra balanza” en el que hemos puesto nuestras expectativas sobre lo que creemos que ocurrirá, pesa más que el plato de las largas horas de cola, nos compensa.

El disfrute que esperamos alcanzar de nuestras vacaciones en nuestro destino, es mucho más alto que las incomodidades del viaje y del importe pagado por los pasajes. También nos merece la pena, o así lo esperamos.

Y en el caso de nuestros estudios, hemos imaginado un futuro profesional, un camino de realización por el que hemos pagado un alto precio. Infinidad de horas, noches enteras y fines de semana “hincando los codos” para superar examen tras examen, asignatura tras asignatura, y curso tras curso. Insistir hasta lograr la ansiada titulación y la capacitación para ejercer.

La sensación de logro y de realización personal es directamente proporcional al esfuerzo realizado para alcanzarlo.

Esta es la causa de que, en el fondo, las personas valoremos poco aquellas cosas que alcanzamos con facilidad y, por el contrario, nos sintamos muy orgullosos de cuanto hemos conseguido con esfuerzo, disciplina y tenacidad.

Los humanos, somos unos seres muy curiosos. Somos la única especie que cambiamos “presente”, por expectativas de futuro. Y resulta que las expectativas son ilusiones, imágenes mentales que hemos generado sobre lo que creemos y esperamos que ocurrirá. Montamos nuestras propias películas, todo está en nuestra mente.

Sin embargo, películas, expectativas o creencias, ahí están, tirando de nosotros. Un minuto más, un metro más, un kilo más, un último esfuerzo para alcanzar la cima…

Son esas ilusiones, esa visión, esos motivos, los que nos mantienen en acción.

No es nada nuevo, lo sabemos “desde siempre”, o al menos algunos lo saben. Solo existen dos motivos que ponen a las personas en acción:

  1. Obtener un beneficio.
  2. Evitar una pérdida.
Los hombres se mueven sólo por dos palancas: el miedo y el interés propio.Napoleón Bonaparte

Él lo tenía así de claro. Así lo dijo, y vaya si lo aplicó.

Al primer motivador, unos autores lo llaman beneficio, otros lo llaman sueño, y otros, ilusión, deseo, visión, o expectativas. Tanto da cómo lo llames, lo importante es que te lleva a la acción, a esforzarte, a madrugar, a luchar y perseverar para lograr.

Al segundo motivador, unos lo llaman evitar una pérdida, otros, evitar un dolor, un mal aún peor que el esfuerzo para evitarlo. Igual que la anterior, lo importante es que te pone en acción, en este caso, te hace actuar de manera inmediata.

¿Quieres un ejemplo claro y directo?: ¿Qué haces cuando conduces a “cierta” velocidad y ves la cámara de un radar? Pues frenas, como todo el mundo. “Vale más la pena” (el pequeño esfuerzo) de frenar, que pagar una multa por exceso de velocidad. Actuamos automáticamente, reaccionamos al instante, entramos en acción sin pensarlo, estamos programados para hacerlo.

Ésta es la clave: Los seres humanos estamos programados (motivados) para entrar en acción, ya sea para obtener un beneficio, o para evitar una pérdida.

El mundo del marketing, que se ocupa de explotar los impulsos humanos para vender, lo usa desde el inicio de los tiempos: “Lo compré porque estaba a mitad de precio”. Traducción: aunque no lo necesito para nada, ¡no podía dejar pasar esa oportunidad!

Es una de las máximas de las ventas, la gente reacciona para evitar perder. Perder una oportunidad, un descuento, una oferta… cualquier cosa, no soportamos perder por inacción.

Estamos programados para eso, no lo podemos evitar. Esta es la razón por la que funcionan tan bien las rebajas, el “black friday”, o cualquier otra modalidad basada en el comportamiento inconsciente humano. Sí, he dicho inconsciente, rara vez somos conscientes de nuestro comportamiento.

Si te fijas un poco, verás que, los motivos que hacen que las personas nos pongamos en acción son internos, son expectativas sobre lo que creemos y esperamos que ocurrirá en el futuro.

No pertenecen por tanto al presente, actuamos en el presente para ganar, o para evitar perder, en el futuro.

Sin embargo, las dos fuentes de la motivación son bien distintas, tanto en el fondo como en la forma. Hacen que actuemos y nos comportemos de forma muy diferente.

La amenaza percibida (no sabemos si la cámara del radar está activada o no) nos lleva a la acción rápida e inmediata. Pero en cuanto la amenaza desaparece, los motivos también desaparecen. Pasada la cámara, volvemos a acelerar, es más fuerte el “beneficio” que nos impulsa a acelerar. Por eso se han inventado los radares de tramo, para mantenernos “motivados” durante kilómetros y kilómetros…

En cambio, el beneficio, ilusión o expectativas de futuro, un sueño, nos lleva a una acción más lenta, serena, y largamente mantenida en el tiempo. Los estudios, el deporte, o la vida sana, suelen ir ligados a unos beneficios (tangibles o intangibles) que nos mantienen en el surco durante mucho tiempo, en algunos casos durante años. Gasolina para largos recorridos. ¿Ves la diferencia entre ambas?

A veces, los motivos que nos impulsan son claros y conscientes, pero en la mayoría de ocasiones, nuestros motivos, lo que hace que hagamos lo que hacemos, son claramente inconscientes.

Si eres de los que crees tenerlo claro, si crees ser una persona racional, lógica y con las cosas claras en la vida, te invito a que te hagas y respondas a las siguientes preguntas:

  • ¿Por qué madrugas cada día, que es lo que hace que te levantes?
  • ¿Para qué vas a trabajar?
  • ¿Por qué cuidas de tu familia?
  • ¿Para qué llevas a tus hijos a la escuela?
  • ¿Por qué te esfuerzas tanto en tu trabajo, dedicándole la mayor parte de tu vida?
  • ¿Para qué ahorras?
  • ¿Por qué haces deporte, o por qué haces dieta?
  • ¿Para qué quedas con los amigos?

¿Lo has notado?, he ido alternando en las preguntas el “por qué” y el “para qué”. Tal vez te parezcan similares, pero te aseguro que llevan a lugares bien distintos.

Si te fijas, los “por qué” suelen acarrear consecuencias, y acostumbran a ser los efectos presentes de las causas pasadas, de lo que hicimos, o de lo que no hicimos, pero que debimos hacer. Siempre que preguntes a alguien el por qué ha hecho algo, te contestará con una justificación de sus acciones pasadas. Los por qué, no solo apuntan al pasado, sino que acostumbran a tener una relación clara y directa con evitar pérdidas.

Sin embargo, los “para qué” suelen responder a expectativas futuras, suelen ser las acciones presentes (causas) que generarán las expectativas futuras (efectos). Los para qué, no solo apuntan al futuro, sino que tienen una clara relación con lograr beneficios.

Existe una gran diferencia motivacional si la pregunta es: ¿Por qué has hecho esto?, que si preguntas: ¿Para qué haces esto?

Si reflexionas, veras que tienes tus motivos para hacer lo que haces, verás que no es necesario que venga nadie a motivarte. Tú ya estás motivado para hacer lo que tienes que hacer.

Otra cosa es que tus motivos estén claramente definidos, de forma consciente, y que te lleven a logar tus sueños y deseos, a crecer y a lograr.

Y otra muy diferentes es que tus motivos no estén claros, que sean inconscientes, que te lleven a evitar cosas, a no perder… ¿me sigues?, ¿ves la gran diferencia que eso marca en tu vida?

Y una última pregunta, te dejo con una pregunta de reflexión:

¿Llevas toda tu vida reaccionando a las circunstancias y jugando a “no perder”, o tienes claros tus objetivos y tus metas y estás altamente motivado para ganar y lograr?

No pretende para nada ser una pregunta fácil ni cómoda, pretende, más bien, todo lo contrario. Si no te gusta la respuesta que te has dado, puedes mirar a otro sitio (la mayoría lo hace), pero también puedes cambiar eso.

Si estás motivado para pasar a la acción, mira cuándo comienza nuestro próximo programa “Pon metas y objetivos en tu empresa y en tu vida”.

Tal vez decidas ser el protagonista de tu vida.


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios. Experto en mejorar resultados empresariales. Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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