New Deal - 93 - ¿Somos lo que hacemos, o hacemos lo que somos?

¿Somos lo que hacemos, o hacemos lo que somos?

En Liderazgo por Fermín Lorente0 Comments

Cambiar desde dentro o cambiar desde fuera.

Tú eres lo que es el profundo deseo que te impulsa.
Tal como es tu deseo es tu voluntad.
Tal como es tu voluntad son tus actos.
Tal como son tus actos es tu destino.Brihadaranyaka Upanishad IV.4.5.

Simple, ¿no?

Fíjate, los Upanishad, nombre con el que se conoce a los más de 200 libros sagrados hinduistas, datan de entre 700 y 200 años antes de Cristo. Y aunque los investigadores no acaban de ponerse de acuerdo del todo en las fechas, siglo arriba, siglo abajo, lo realmente destacable es que hace entre 2.000 y 3.000 años que algunas personas ya tenían las cosas así de claras.

Tenían muy claro que el destino, el futuro, está directamente relacionado y condicionado por lo que haces en el presente. Que los actos presentes, son fruto de la voluntad. Y que tu voluntad, es fruto del deseo que te impulsa desde lo más profundo de tu ser.

Dicho de otra forma, lo que siembras hoy es lo que comerás mañana.

Y lo que estás sembrando hoy, y probablemente desde hace ya un buen tiempo, es fruto de tu voluntad. ¿No es cierto?

Sin embargo, parece ser que la mayoría de personas de este planeta no acaban de estar satisfechas con lo que cosechan, con lo que consiguen en su vida. Aquí hay algo que “no acaba de cuadrar”, algo no funciona bien. Pero, paradójicamente, siguen sembrando lo mismo.

La mayoría de personas que conozco no acaban de estar contentas de cómo son, ni en el aspecto físico ni en algún que otro aspecto personal o de carácter. Es un hecho demostrado y consustancial al ser humano: A penas nadie está satisfecho con el disfraz que le tocó en el reparto.

Los delgados aún quieren ser más delgados, todo el mundo quiere ser más alto, más, más…. lo que sea. Digamos que queremos parecernos más a esa foto que solemos colgar en las redes sociales. Ya sabes, aquella en la que quedaste tan bien y que pareces… aunque la foto tenga ya cinco o más años.

Cogemos nuestro mejor ángulo, con nuestro mejor traje o vestido y posamos para quedar genial, para parecer más, para mostrarnos y que nos vean, no como somos, sino como nos gustaría ser. Que, dicho sea de paso, es la primera preocupación y función de nuestro ego.

Las grandes marcas lo saben muy bien, saben que tienen un mercado inmenso, inagotable, el gran mercado del ego.

¿Cuántas cremas anti edad se anuncian al gran mercado?, ¿cuántas pomadas y aerosoles para el dolor, para que los jubilados y jubiladas escalen montañas o monten en bicicleta como cuando tenían 20 años, o bailen sin parar hasta el amanecer?

Productos con bífidos, con vitaminas, antioxidantes, productos “détox”, toda la farmacopea para mantenernos “congelados” en esa mediana edad tan tentadora, en la que todo vuelve a ser posible, un renacimiento, una segunda juventud a los 50, o a las 60… ¡Tentador! Pero artificial, pura fachada visual, para el escaparate.

¿Qué es lo que hace un tonto? Tonterías, claro. ¿O, acaso es tonto, precisamente porque hace tonterías?, como decía “Forrest Gump”

Adivina adivinanza: ¿Qué es una persona que corta el césped, poda los árboles, recoge las hojas y abona las plantas? Ponle tú una etiqueta.

¿Las personas hacemos porque somos, o somos porque hacemos?

Imagina por un momento que eres el Presidente de Google, o de Amazon, o de la Nasa; o de la India o de Australia, tanto da. Y ahora dime: ¿tu comportamiento cambiaría?, ¿harías lo mismo que haces ahora?, ¿hablarías y vestirías como ahora?, ¿realmente serías la misma clase de persona? Lo cierto es que no, por mucho que te digas que seguirías siendo el mismo, esa no es la verdad, actuarías diferente y serías diferente.

Es un hecho conocido y comprobado el de que “Las personas tienden a comportarse como se espera de ellas que se comporten” Nos adaptamos al personaje.

¿Juegos de rol? ¡Por supuesto!

Voy a contarte un secreto. Algo tan evidente y tan grande, que pasa desapercibido. Resulta que cada día, sin que seas consciente de ello, juegas a un montón de roles deferentes.

Apenas pones un pie en el suelo justo al despertarte, juegas el rol de “zombi”. Algo más tarde, el de la higiene. Y así, mientras transcurre el día, vas quitándote y poniéndote personajes. Ahora el de padre o el de madre, ahora el de empresario o de trabajador, ahora el de colega de mis colegas, el de pareja de mi pareja, o el de presidente de escalera… Montones y montones de personajes de los que entramos y salimos sin percibirlo, a los que nos adaptamos de forma inmediata y natural. Y, dentro de cada rol, las “submodalidades”, no tratamos de la misma manera a una persona que a otra desde el mismo personaje.

Después, para aderezarlo un poco más, están los diferentes estados que afectan y se entremezclan con todo lo anterior: Preocupado, eufórico, ambicioso, tranquilo, estresado, o enfadado, son solo algunos estados que incidirán en cómo se comporte un determinado personaje, en una determinada situación.

La complejidad del comportamiento humano está condicionada por infinidad de cosas y de matices. Y se reproduce de forma automática y sin esfuerzo. Estamos programados para eso, hemos creado los programas y ahora ellos funcionan como si tuviesen vida propia. Siembran por nosotros y para nosotros, pero lo hacen al margen de nuestra consciencia, de nuestra auténtica voluntad, se tata meramente de hábitos, de rutinas.

Y resulta que, con frecuencia, nuestro deseo más profundo y nuestros actos, hace tiempo que están desconectados.

Y lo que cosechamos en nuestras vidas, frente a las expectativas de lo que deseamos, de lo que deberíamos cosechar, están lejos, muy distante. Y no sabemos por qué.

Lo que somos y lo que hacemos, no está alineado, no hay coherencia, y eso produce sufrimiento y dolor. Malestar del cuerpo y malestar del alma.

Así que, si quieres mejorar en alguno o en muchos aspectos, si tú quieres ser mejor; si, en definitiva, quieres cambiar y mejorar tus resultados y tú mismo…

¡Tengo un secreto para ti!

Puedes cambiar desde dentro, o puedes cambiar desde fuera.

Si crees, actúas, y si actúas logras. De la misma forma, si no crees no actúas, y si no actúas, no logras. Ya sabes:

“Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, estas en lo cierto”Henry Ford
Cambiar desde dentro:

Difícil tarea, rozando lo imposible sin un motivo enormemente poderoso. Cambiar el interior para cambiar el exterior, lo que consigues. No es nada sencillo porque implica un cambio de creencias. Y, ¿cómo va uno a cambiar aquello que cree que es cierto, que es verdad?

Para eso necesitas herramientas y ayuda de un experto. Si lo necesitas llámame, ese es mi trabajo. No es necesario que pierdas años y oportunidades, en este caso sí es inteligente tomar el atajo, ir directo a los resultados.

Cambiar desde fuera:

¿Te comportas igual en tu trabajo cuando estás con clientes importantes que un fin de semana de verano cuando vas con pantalón corto y con chanclas? ¿Qué ocurriría si cambiases un comportamiento por el otro?

Es evidente que cambiar lo que haces, cambia los resultados y cambiar los resultados cambia lo que eres, o al menos comienza a cambiarlo. Y precisamente ahí radica el secreto, el milagro consiste en:


Comportarse “como si…”

Elige tu rol y comienza. ¿Qué quieres ser?, ¿quién quieres ser?
¿Quieres ser un auténtico empresario?, ¿quieres ser un buen líder? ¿Cómo se comportan los auténticos empresarios o los buenos líderes?, ¿qué hacen?, ¿qué les define?, ¿cuáles son sus características, sus formas de hacer y de actuar?

¿Ves qué fácil?, solo tienes que elegir e imitar. Y persistir, claro, Roma no se hizo en un día. La PNL lo llama “emular” ¡Y funciona! Se sabe ahora y algunos (muy pocos) lo saben desde hace años. Y ahora lo sabes tú, el truco, “Comportarse como si…”

Elige tu actitud y tu actitud te elegirá a ti. Así de sencillo.
Puedes elegir “hacer porque crees” o “creer porque haces” el resultado será el mismo. Cambiar desde dentro o cambiar desde fuera ¡Tú eliges!

New Deal - 93 - gráfico

Ah, un último secreto, también puedes cambiar desde dentro y desde fuera a la vez. A eso se le llama Desarrollo Profesional y Personal y es el campo donde yo trabajo, es mi manera de ayudar, de ganarme la vida.

Ser, hacer, tener.

La fuerza radica en el ser. La razón es que, antes de tener tienes que hacer, pero antes de hacer, tienes que llegar a ser.

Y tú, ¿quién quieres llegar a ser? ¿Quieres que hablemos sobre eso y de cómo hacerlo?

Aunque también puedes seguir sembrando lo de siempre, claro.


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios. Experto en mejorar resultados empresariales. Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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