New Deal - 92 - ¿Quien es el responsable de tu formación y desarrollo?

¿Quién es el responsable de tu formación y desarrollo?

En Formación por Fermín Lorente0 Comments

¿Somos profesionales, o somos “autodidactas”?

Imagina que decides hacer un armario a medida en tu casa. Que llamas a un carpintero para que haga el presupuesto y te contesta que no puede realizarlo porque no sabe hacer presupuestos.

Pero no solo eso, imagina que además te dice que tampoco sabe de carpintería y que, para poder hacer el presupuesto y el armario, antes le tienes que pagar tú la formación de carpintero y que, dentro de dos o tres años, “si todo va bien”, ya podrá darte el presupuesto e incluso fabricar tu armario. ¿Qué le dirías?

Probablemente te parezca una situación surrealista, pero yo no estaría tan seguro de eso.

Lo cierto es que una gran masa de personas que ejercen un oficio, profesión, o cargo de responsabilidad, no son auténticos profesionales. Saben trabajar “a nivel de usuario” y se defienden o funcionan a “nivel medio” como esos idiomas que, a la hora de la verdad, nadie habla. Vamos, que solo son profesionales 100% a la hora de cobrar.

Si preguntas en una multinacional por el (o la) responsable de formación, seguramente te dirigirán a un departamento, dentro de Recursos Humanos, donde en un despacho con su correspondiente letrero en la puerta, una serie de personas se ocupan de detectar las necesidades de formación que requiere la empresa para formar y profesionalizar a los “cargos”.

Si le preguntas a un pequeño empresario, te dirá que nadie. Es probable que te conteste que, con una estructura tan pequeña, no tienen esa figura (ni otras claro), que todo el mundo hace de todo y, donde no llegan los demás, tiene que llegar él. Qué remedio.

Si le insistes sobre en quién recae esa responsabilidad, te dirá que sobre él mismo. Y si finalmente le preguntas cuáles son sus planes a corto o medio plazo para formar y desarrollar a su gente, te mirará “raro” o muy raro, si no te ha echado ya antes, “que andamos muy liados y no estamos para esas tonterías”

Si le haces la pregunta a un empleado, la respuesta más probable sobre quién es el responsable de su formación y desarrollo será: “la empresa”. Fíjate que no indica nombre ni apellidos, simplemente “la empresa” que es como responder que eso no es asunto suyo.

Y si preguntas a un autónomo, “freelance”, o como quieras llamarle, como no puede esconderse ni derivar su responsabilidad, confesará que él o ella misma. Pero si le preguntas cuál fue la última formación que hizo y cuándo; con la iglesia hemos topado. Y me refiero a formación “de verdad”, no a un cursillo de una tarde o a una charla de media hora.

Aún existe un gran problema actitudinal con la formación.

La formación, en líneas generales, no gusta a mucha gente. Es percibida por parte de la sociedad como algo incómodo, que cuesta esfuerzo, tiempo y que, en ocasiones, no sirve para nada.

Tradicionalmente, cierta parte del empresariado ha considerado la formación como una pérdida de tiempo: “lo que tienen que hacer es trabajar”. Es una vieja herencia de cuando el trabajo era algo simple que solo requería brazos y piernas, pero no cabeza, pura acción física.

Aún hoy en día, existen trabajadores que perciben la formación que les ofrece la empresa como una imposición, una incomodidad “que hay que aceptar”, como un esfuerzo inútil. Y eso pese a que se realiza en horario laboral, in Company y, por supuesto, pagada, y totalmente gratuita. Personalmente he pasado vergüenza en alguna ocasión como formador ante determinadas actitudes de determinadas personas.

Los pequeños empresarios o autónomos, acostumbran a tener, en su mayoría, la formación de su oficio, es decir, la justa y necesaria para realizar su trabajo.

Existe un marcado contraste sobre cómo percibimos nosotros la formación y cómo la perciben algunos países norte europeos.

En países como Dinamarca o Suecia, por citar ejemplos, la gente entiende que para ejercer “de lo que sea”, tienes que estar preparado, tienes que conocer bien la profesión, ser un profesional cualificado.

Esa creencia les lleva a profesionalizarse, a invertir en sí mismos una cantidad anual que les recicle, les ponga al día en lo suyo, y les mejore.

Tanto si se trata de un dependiente, un director de marketing, un asesor fiscal o un gerente, todos son profesionales en su oficio. Pero, además, se capacitan de forma permanente para ejercer profesionalmente su cargo.

En ocasiones la formación tratará de cursos técnicos y cortos, en otras serán cursos de gestión empresarial, dirección de personas, ventas, dirección y estrategia empresarial, o liderazgo.

Parece evidente el hecho de que, si reparas zapatos, seas bueno o muy bueno en lo tuyo, y si diriges una multinacional, también. Y eso, en ocasiones, requiere algo más que “experiencia de años”, requiere estar al día, usar las últimas tecnologías, ser competitivo y estar preparado. Y eso no se consigue “porque sí”, hay que formarse, además de en el oficio, en habilidades del cargo de responsabilidad.

Muchísimos empresarios son buenos profesionales en lo suyo, pero pésimos gestores de la empresa y de su equipo.

La competitividad actual, requiere cosas como una auténtica orientación al cliente y dar un servicio excelente.

Una nueva actitud, amar y agradecer al cliente.

Si observas un poco a tu alrededor, verás la realidad, no la teoría o el sentido común. Verás multitud de gente que no ama su oficio, ni a su empresa ni a sus clientes. Es más, en muchos casos los odian y maltratan reiteradamente. Los consideran como “las molestias que tienen que soportar para cobrar algo a fin de mes”. Ya sabes, ¡por fin es viernes!.

¿Cuánta gente te recibe dejando a un lado lo que está haciendo para no hacerte esperar? ¿Cuánta te acoge con una sonrisa, ya sea presencial o telefónica o te mira a los ojos y te pregunta, “en qué puedo ayudarle”? ¿Me vas siguiendo no?

Ser camarero, requiere más que saber apretar un botón, llenar una taza de café, y ponerla sobre un mostrador “con cara de vinagre”, requiere más, mucho más. Requiere sobre todo oficio y la actitud adecuada de proporcionar una experiencia agradable. Que el cliente desee volver y repetirla.

Cuando hablo con mis clientes habituales, generalmente empresarios de pymes, afirman por activa y por pasiva que la gente no quiere trabajar. Los negocios tradicionales, el comercio de toda la vida, los oficios, no encuentran gente preparada, ni en aptitud ni en actitud. Pero no solo eso, ni siquiera encuentran gente dispuesta a preparase.

En contraste con una cifra de parados que supera los 3 millones de personas, muchas empresas no pueden encontrar trabajadores “básicos” para cubrir sus necesidades.

“¿Hay que trabajar los sábados?, ¿No hacen jornada intensiva? No sé, es que solo cobraría un poco más que con la ayuda, no vale la pena, no me compensa”.

Algunos, pese a no estar ni tan solo mínimamente preparados, no quieren ser camareros, dependientes, o ejercer alguno de los oficios tradicionales. Eso está mal visto, no da “pedigrí” contarles a los colegas que estás de reponedor. Aunque no haya nada mejor que sepa hacer, sencillamente “no mola”.

Conozco empresarios dispuestos a contratar a gente joven, a formarlos en su oficio, a profesionalizarlos y a ofrecerles una forma digna y útil de ganarse la vida y ayudar a su casa y a la sociedad y que tienen puestos sin cubrir (por no hablar de los que tienen “mal” cubiertos).

También conozco gente que ya no le queda ni el paro, pero que se niega a trabajar de panadero, carnicero o cualquier otra cosa, porque “espera que le salga algo de lo suyo”. Lo curioso es que si le preguntas qué es “concretamente” lo suyo, no hay respuesta. Además de no tener beneficio, tampoco tienen oficio. Así que responden con cosas como: “tareas de despacho”, “administrativas” o, el súmmum, de responsable o gerente. ¡Toma ya!

Y, sin embargo, todo el mundo se considera a sí mismo, “un buen profesional”.

La mayoría de empresarios que conozco afirman no poder dejar solos a los suyos porque no se fían. Al parecer, si no están ellos diciendo lo que hay que hacer, se quedan parados. Están convencidos de que su gente, pese a que con frecuencia dicen que son “buena gente”, o no saben, o no pueden, o no quieren. Dicen que les preguntan todo, no tienen iniciativa ni asumen responsabilidad. ¿Recuerdas al “carpintero” del inicio?

Cuando hablo con los trabajadores, me explican que su jefe no se fía de ellos, que siempre está vigilando, rectificando lo que hacen, o peor, gritándoles.

Delegar sigue siendo y será la gran asignatura pendiente.

A los empresarios les cuesta delegar porque no se acaban de fiar (algo puede salir mal) y los trabajadores no pueden crecer y desarrollarse si no se les deja un margen de actuación, si no se tolera el error. Y así ya tenemos el círculo vicioso, la pescadilla que se muerde la cola. Y eso se acaba enquistando.

Mi pregunta es: si no contratarías y formarías al carpintero del inicio de la historia, ¿por qué contratas “cargos” (posiciones de trabajo) que no son auténticos profesionales a la hora de ejercer y asumir su responsabilidad; toda su responsabilidad y hacerlo bien.

Pero tengo más preguntas para ti: cuando contratas a alguien para un puesto, ¿has definido claramente sus funciones, su responsabilidad, las expectativas que tú tienes, su cualificación y experiencia? ¿Y los resultados que esperas que logre?

Porque, si es así, entonces ¿qué está fallando?

Podríamos abrir grandes debates, pero estoy convencido de que no llegaríamos a ninguna conclusión válida. O al menos útil y asumible.

Mi opinión, por si te sirve, es que realmente hay muy poca gente que sean auténticos profesionales de su oficio. Y muchos menos para ejercer la responsabilidad de su cargo y lograr los resultados esperados. Gente con la formación técnica y la actitud adecuada para actuar con órdenes o sin ellas, gente que sepa lo que hay que hacer y lo haga. Y que lo haga bien.

Pero también opino que la mayoría de empresarios también carecen de la formación adecuada. Al igual que sus trabajadores saben de su oficio, pero olvidan que, además de tener una profesión, tienen un cargo, una responsabilidad, son DIRECTORES.

Y los directores están para dirigir, pero con frecuencia no saben, o no pueden, porque están demasiado ocupados trabajando. ¿Ves? Ya hemos vuelto a cerrar otro círculo vicioso.

Sin buenos dirigentes, no puede haber buenos “dirigidos”.

Yo no tengo la solución, pero tengo soluciones específicas que resuelven necesidades y problemas específicos. Soluciones para mejorar la productividad y los resultados, soluciones para mejorar la organización, soluciones para mejorar el liderazgo y la gestión, soluciones para orientar la empresa a metas y objetivos, soluciones para desarrollar y mejorar al equipo

¿Qué necesitas tú?

¿Tienes la formación y capacitación específica en las funciones principales de empresario como ventas, gestión o liderazgo de personas?

¿Te has parado a pensar si tienes un problema, o si tú formas parte del problema?

¿Quieres mejorar tú, tu empresa o que las cosas cambien? O quieres seguir igual.

Elige lo que quieras.

También puedes dejar tu opinión al respecto un poco más abajo.


Sobre el autor

Fermín Lorente

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Entrenador personal de directivos y empresarios. Experto en mejorar resultados empresariales. Formador en organización empresarial y en liderazgo.

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